Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

A todo puedo hacerle frente pues Cristo es quien me sostiene.
San Pablo (Fil 4, 13)

Homilías

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Homilia VI Domingo del Tiempo Ordinario

 

La cuestión fundamental de las lecturas de este domingo es: ¿Confiamos en Dios? Ó ¿confiamos más en el hombre, en el dinero, en nosotros mismos? Esta idea es la expresada en la primera lectura: maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en Dios. Y lo decimos en el salmo responsorial: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”.

El evangelio siempre nos cuestiona, pero pocas veces lo hace tanto como el pasaje de hoy, porque las bienaventuranzas que acabamos de escuchar arremeten directamente contra todo aquello que en este mundo más se opone al reinado de Dios: la riqueza, el poder y la ambición.

A todos se nos revuelve algo por dentro cuando escuchamos decir a Jesús: "felices los pobres y malditos los ricos". Algo se rompe en nuestros esquemas, pensamos que Jesús “está ido”, loco, o que se equivoca, o simplemente que lo que dice no es para nosotros.

El discurso de Jesús pone patas arriba todas nuestras ideas sobre lo que es la vida: si nosotros creemos que lo mejor es triunfar, tener mucho dinero, comodidades, bienestar, bienes, … Jesús nos dice que no, que lo mejor es elegir ser pobre, compartir, buscar los últimos puestos y vivir sirviendo a los demás.

Pero, ¿a quíen se dirige Jesús?. Jesús se está dirigiendo a todos nosotros que nos llamamos cristianos e intentamos seguirle.

Entonces…, ¿cómo puede ser tan exigente? ¿cómo es posible que sea más feliz un pobre que un rico? ¿quién va a creer, a estas alturas de la historia, semejante cosa?

Después de dos mil años a nosotros nos sigue chocando tanto como a todas las generaciones que han escuchado las bienaventuranzas.

Lo que Jesús quiere decir es que en la riqueza dificilmente puede haber un lugar para Dios y esto por dos motivos: porque el rico se hace autosuficiente, y porque su riqueza la mayoría de las veces se sustenta sobre la explotación del pobre.

Dios toma partido por los pobres porque ellos le necesitan y le esperan, Dios toma partido por los pobres porque ellos sufren la explotación de los ricos y poderosos. Si Dios es nuestro Padre, esta toma de posición de Dios es simplemente una cuestión de equilibrar la balanza. La balanza de la fraternidad a la que todos estamos llamados.

También este domingo, Manos Unidas, con su lema “¡Contra el hambre, defiende la Tierra!”, nos propone una manera concreta y actual de vivir las bienaventuranzas.

No se puede separar el sentido de la justicia del cuidado de la Tierra. No podemos luchar contra el hambre solamente con limosnas y ayudas materiales —que, sin duda, están muy bien—, no es suficiente. Hemos de mentalizarnos profundamente en las causas de las hambrunas, en la insuficiencia de alimentos que sufren los más desfavorecidos. Y está claro que una causa es la explotación económica y social.

Pero si profundizamos más nos podemos dar cuenta que la causa fundamental es el ataque a la Tierra, a esta gran casa nuestra, la de todos los hombres. Meditemos sobre ello para que cambien nuestras conciencias. Y mientras que eso no llega está bien ayudar con nuestros recursos a los que pasan hambre, soltarse un poco el bolsillo en la campaña contra el hambre que, con sus colectas, se nos propone hoy. Y además rezar ardientemente al Dios de todas las causas, para que cambie el alma de los que abusan, de aquellos que Jesús de Nazaret, hace más de dos mil años, denunció con fuerza y justicia.

Que al participar hoy en esta Eucaristía salgamos decididos a optar por este proyecto de felicidad de Dios, que pasa también por construir un mundo y una vida más dignos para las personas que menos la tienen. Así estará creciendo el Reino de las bienaventuranzas, el proyecto de felicidad que Dios tiene para todos nosotros.

Que así sea.

  • primera lectura: Jeremías 17, 5 - 8

    Así dice el Señor:

    -- Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 1

    R.- DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO SU CONFIANZA EN EL SEÑOR

    Dichoso el hombre

    que no sigue el consejo de los impíos;

    ni entra por la senda de los pecadores,

    ni se sienta en la reunión de los cínicos,

    sino que su gozo es la ley del Señor,

    y medita su ley día y noche. R.-

     

    Será como un árbol

    plantado al borde la acequia:

    Da fruto en su sazón,

    y no se marchitan sus hojas;

    y cuanto emprende tiene buen fin. R.-

     

    No así los impíos, no así;

    serán paja que arrebata el viento.

    Porque el Señor protege el camino de los justos,

    pero el camino de los impíos acaba mal. R.-

  • segunda lectura: Primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 12.16 - 20

    Hermanos:

    Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

    Palabra de Dios 

  • evangelio: Lucas 6, 17, 20 - 26

    En aquel tiempo, bajo Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedentes de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacía sus discípulos, les dijo:

    --Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo; porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

    Palabra del Señor

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