Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Homilia VI Domingo de Pascua

En el Evangelio de este domingo escuchamos “Como el Padre me ha amado así os he amado yo”. “Que os améis unos a otros como yo os he amado” como si Dios fuese un manantial de amor que lo inunda todo. De él, que es amor, brota el amor; el amor llega a su Hijo y su Hijo lo reparte entre los hombres; los hombres a su vez viven el mandamiento del amor. Tenemos la misión de llevarlo a todos y de un modo especial más a quien más lo necesita.

En la primera lectura se dice cómo el mensaje de Dios se fue extendiendo también a los gentiles, empezando por la casa de Cornelio: “El don del Espíritu se derrama también sobre los gentiles”. Es lo que hizo, principalmente, San Pablo. Así se rompían los muros “nacionalistas” de la religión judía. La tentación inicial más fuerte era  quedarse reducidos a los judíos, sin embargo el Espíritu pronto abrió el entendimiento de los apóstoles. Dios ha venido para todas las personas, no para unos pocos. El amor de Dios no es “nacionalista”, “cerrado” o “exclusivista”, sino que es católico, universal.

Nosotros, quizás, no lo acabamos de entender y limitamos ese amor a unos pocos. Nos ceñimos, a veces, a nuestro grupo, a nuestro familia, a nuestro partido, a los que piensan como nosotros, a nuestra parroquia, ... porque, esos sí, “somos los mejores”.

En nuestro ser cristiano hay una llamada importante a amar a todos, a estar abiertos a todos. Es cierto que debemos amar especialmente al prójimo, al próximo, pero no nos podemos olvidar del lejano. Cultivar el sentido de pertenencia a algún grupo no puede ser excluyente de los demás. Cultivar el sentido de pertenencia a la Iglesia nos hace estar abiertos a todos.

En la segunda lectura se dice: “Amémonos unos a otros... Todo el que ama ha nacido de Dios, quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. El amor es expresión de Dios, Dios se da a conocer a través del amor que nosotros manifestamos.

En el texto del Evangelio se dicen varias cosas sobre el amor: Permanecer en Jesús es permanecer en el amor; cumplir los mandamientos de Jesús es amar; la verdadera alegría proviene del amor; la eficacia del amor se manifiesta en los frutos; pero lo que califica mejor el amor de Cristo es: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”.

La manifestación del amor, pensemos en los enfermos, pensemos en los que los cuidan, pensemos en los profesionales de la salud ya que hoy en la Iglesia se celebra la jornada del enfermo, no está sólo en lo que doy a quien quiero, en el tiempo que le dedico, sino que yo tengo que darme, que entregarme personalmente. La generosidad de Jesús no tuvo límite, viendo las necesidades de ser amados del ser humano, se entregó hasta la muerte.

Dios es amor. Jesucristo nos comunicó el amor de Dios, nos amó hasta el extremo. Los cristianos tenemos la misión de llevar ese amor a todos los hombres de un modo generoso.

Al igual que cuando nos metemos en una piscina y salimos mojados chorreando, con el amor de Dios ocurre algo parecido. Quien dice vivir en Dios, se le nota enseguida: por su forma de ser. Por el trato que ofrece y, sobre todo, porque —por los cuatro costados de su persona— brota gratuitamente el amor.

Quien ama a Dios, quien cree en él, además de dar fruto en abundancia, cae en la cuenta que todo lo que hace es consecuencia del amor inmenso que Dios siente por él. Nadie puede dar aquello que no posee.

Hermanos, sumerjámonos hoy y siempre, en las aguas del amor de Dios hasta empaparnos. Que el Señor nos conceda permanecer en su amor amándonos de verdad los unos a los otros.

Que así sea.

  • primera lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 25-26,34-35,44-48

    Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo levantó diciendo:

    -- Levántate, que soy un hombre como tú

    Pedro tomó la palabra y dijo:

    -- Está claro que Dios no hace distinciones: acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.

    Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles. Pedro añadió:

    -- ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?

    Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 97

    R.- EL SEÑOR REVELA A LAS NACIONES SU JUSTICIA

     

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    porque ha hecho maravillas,

    su diestra le ha dado la victoria,

    su santo brazo. R.-

     

    El señor de a conocer su victoria,

    revela a las naciones su justicia:

    Se acordó de su misericordia y su fidelidad

    en favor de la casa de Israel. R.-

     

    Los confines de la tierra han contemplado

    la victoria de nuestro Dios.

    Aclamad al Señor, tierra entera,

    gritad, vitoread, tocad. R.-

  • segunda lectura: Primera Carta del Apóstol San Juan 4, 7 - 10

    Queridos hermanos:

    Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que me ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de propiciación por nuestros pecados.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Juan 15, 9 - 17

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

    -- Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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