Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor"
San Pablo (1 Cor. 13, 13)

Homilías

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Homilia V Domingo de Pascua

Hemos escuchado la parábola de la vid y los sarmientos. Nos ha dicho Jesús: "Sin mi no podéis hacer nada". Estas palabras nos invitan a preguntarnos qué  lugar ocupa Dios para nosotros en nuestra vida, qué significa para nosotros.

Dios nos ha confiado el dominio de su creación y nos ha capacitado para que la desarrollemos. Dios tiene un deseo, una voluntad firme sobre nosotros: la realización del Reino de Dios, esto es una humanidad reconciliada, viviendo todos en paz, como hermanos, hijos de un mismo Padre.

Todos nosotros debemos valorar los logros grandes o pequeños, todos los triunfos de la justicia y toda acción auténtica por la paz. Debemos acoger con gozo la corriente de salvación que se va abriendo camino en la historia de la humanidad, allí donde se trabaja por el verdadero progreso social, por los humillados, los débiles, los abandonados, allí se trabaja por el Reino de Dios; debemos siempre ser conscientes de que todos los que empeñan su vida en acciones generosas de salvación, están apoyando la realización del Reino de Dios lo sepan o no, Dios lo sabe, Dios acompaña a todos.

Es por este motivo que hemos de apreciar como Él aprecia y valora toda iniciativa, toda tarea por la realización de su Reino, que es reino de justicia y de paz.

Pero en el evangelio de la vid y los sarmientos, que hoy hemos escuchado, Jesús nos dice que Él y nosotros somos una realidad viva. Él es la vid, nosotros los sarmientos, separados de Él, no podemos dar los frutos que Dios espera de nosotros; los sarmientos separados, no tienen vida, no valen nada, no dan nada, sirven para el fuego, unidos a Él los frutos serán espléndidos.

Jesús nos llama a vivir unidos a Él, a ser sus hermanos, los hijos de Dios, para eso se ha hecho hombre como nosotros,  y nos dice, que como consecuencia de esta unión, nuestras obras van a tener un valor nuevo.

Nosotros podemos aceptar libremente esta oferta generosa. Incluso podríamos decir que encontramos en nuestra vida muchas dificultades y obstáculos y posiblemente muy pocas ayudas para dar esta repuesta a Cristo.

Cuántas veces nos parece que todo aquello que hacemos por mejorar el mundo sirve para tan poco. ¿Y quienes de nosotros no hemos tenido en algún un día la impresión de que todos nuestros proyectos, esfuerzos y trabajos servían para tan poco, preguntándonos si alguien puede ayudarnos?

Recordemos las palabras de hoy, lo que Jesús nos ha anunciado, es la ayuda más valiosa: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada».

A estar unidos a Cristo nos invita también esta fiesta de la Virgen de los Desamparados que celebramos. Necesitamos el amparo de la Madre de Dios para llevar a cabo nuestra misión. Amparémonos bajo su manto. Que esta eucaristía aumente nuestro amor por el Señor. Que siempre permanezcamos unidos a la vid bajo el amparo de la Mare de Déu dels Desemparats para dar frutos abundantes de acuerdo a las exigencias del Evangelio.

Que así sea.

  • primera lectura: Hechos de los Apóstoles 9, 26 - 31

    En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, porque no se fiaba de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.

    Saulo les contó como había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y como en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.

    Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos lo bajaron a Cesaréa y le hicieron embarcarse para Tarso.

    Entre tanto la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad y se multiplicaba animada por el Espíritu Santo.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 21

    R.- EL SEÑOR ES MI ALABANZA EN LA GRAN ASAMBLEA.

    Cumpliré mis votos delante de sus fieles.

    Los desvalidos comerán hasta saciarse,

    alabarán al Señor los que le buscan:

    viva su corazón por siempre. R.-

     

    Lo recordarán y volverán al señor

    hasta de los confines de la tierra;

    en su presencia se postrarán

    las familias de los pueblos.

    Ante él se postraran las cenizas de la tumba,

    ante él se inclinaran los que bajan al polvo. R.-

     

    Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,

    hablaran del Señor a la generación futura,

    contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:

    todo lo que hizo el Señor. R.-

  • segunda lectura: Primera Carta del Apóstol San Juan 3, 18 - 24

    Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, en caso de que condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios; y cuanto pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

    Y este es su mandamiento que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Juan 15, 1 - 8

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

    -- Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo poda para que dé mas fruto. Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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