Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Homilia Tercer Domingo de Adviento

A medida que se acerca la Navidad, es corriente escuchar decir a algunas personas, creyentes o no: "Quisiera que ya hubiesen pasado estas fechas". Los motivos para hacer esta afirmación son variados, pero pueden deberse tanto a un agobio por la parafernalia navideña (festejos, reuniones, compras, aglomeraciones, atascos, publicidad...) como a un sentimiento de tristeza porque se echa de menos a algunas personas, o anteriores celebraciones. Y como el ambiente fomenta la añoranza, se desea que cuanto antes pase, mejor.

Sin embargo, en la primera oración de la misa hemos expresado un deseo bien distinto:"concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante". La Navidad es fiesta de gozo y salvación, y así deberíamos vivirla, por encima de parafernalias, recuerdos y tristezas. Por eso hoy, desde esta perspectiva, podemos aplicarnos las dos preguntas que hemos escuchado en el Evangelio: "¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?" ¿Tenemos claro que quien viene es Jesús, o estamos esperando otras cosas pero no a Él? Porque si lo que esperamos en Navidad es lo externo, el envoltorio con el que hemos recubierto y asfixiado la verdadera Navidad, no es extraño que cualquier persona "con sentido común" tenga deseos de que pasen estos días. Mientras que, si tenemos claro que quien viene en Navidad es Jesús, la cosa cambia: ¿Cómo vamos a desear que pasen estos días, en los que podemos vivir con mayor intensidad la cercanía del Dios Amor que se hace hombre y nace entre nosotros?

Y una vez respondida esta pregunta, nos podemos hacer la siguiente: "¿Qué salisteis a contemplar en el desierto...?" En esas fechas, en el desierto de nuestro mundo, de nuestra sociedad, de nuestro entorno, incluso de nuestro interior... ¿qué queremos contemplar?, ¿escaparates?, ¿regalos?, ¿adornos?, ¿comidas?, ¿sucedáneos de alegría y felicidad que no logran ocultar el vacío interior?

En Navidad salimos a contemplar, una vez más, que lo que los profetas anunciaron desde antiguo se ha cumplido ya: "Mirad a vuestro Dios...viene en persona, resarcirá y os salvará". En Navidad salimos a contemplar a Jesús, el Dios hecho hombre que viene en persona a salvarnos, una salvación integral, de todas las dimensiones de la persona, en lo físico, en lo psíquico y en lo espiritual, para esta vida y para la eterna: "los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia".

Ante el lógico deseo de que pasen esas "navidades" de la parafernalia, el consumismo y la tristeza, hagamos caso a lo que el Apóstol Santiago decía en la 2ª lectura: "Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Tened paciencia... manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca". Si es el Señor el que viene, el que está cerca... tengamos paciencia con todo eso que envuelve estos días, para que se cumpla el deseo de "llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante", la alegría que da acoger al Dios-Niño que viene en persona.

Hemos encendido la tercera vela de la corona de Adviento, nos indica que ya está cerca la fiesta de Navidad. ¿Deseo que pasen estos días? ¿Por qué? ¿Tengo claro que quien viene es Jesús, o los otros preparativos me absorben? ¿Voy a procurar contemplar estos días al Dios que viene en persona a salvarnos, o tengo otras cosas que contemplar? ¿En qué aspectos de la Navidad necesito tener más paciencia? ¿Deseo de verdad que esta Navidad sea una "fiesta de gozo y salvación"? ¿En qué aspectos necesitaría ahora esa salvación? "Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo ", decía Jesús en el Evangelio. La Navidad es mucho más que unos "días de fiesta"; aunque nos agobien, no deseemos que pasen estos días. Deseemos celebrar la verdadera Navidad para que después, por propia experiencia, sepamos anunciar con nuestra vida esa Buena Noticia que tanto necesitamos oír: que Dios mismo en persona ha venido a nosotros haciéndose hombre y naciendo en la humildad del pesebre para que, acogiéndole en nuestra vida, encontremos en Él la salvación que necesitamos, ahora y para la vida eterna.

  • primera lectura: Lectura del libro de Isaias 35, 1-6a. 10

    El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón:

    -- Sed fuertes, no temáis.

    Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 145

    R.- VEN, SEÑOR, A SALVARNOS.

    El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
    hace justicia a los oprimidos,
    da pan a los hambrientos.
    El Señor liberta a los cautivos. R.-

    El Señor abre los ojos al ciego,
    el Señor endereza a los que ya se doblan,
    el Señor ama a los justos,
    el Señor guarda a los peregrinos. R.-

    Sustenta al huérfano y a la viuda
    y trastorna el camino de los malvados.
    El Señor reina eternamente;
    tu Dios, Sión, de edad en edad. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-10

    Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11, 2- 11

    En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos:

    -- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

    Jesús les respondió:

    -- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

    Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

    -- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

    Palabra del Señor

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