En la mirada de la Virgen María vemos la ternura de la mirada de Dios, vemos la ternura de la mirada de una madre que mira a sus hijos. Su mirada, su rostro nos muestra un rostro de fe, un rostro de disponibilidad y un rostro de humildad.
En la vida de María y en la vida de cada uno de nosotros es Dios el que lleva las riendas, es Dios el que va actuando, unas veces no sabemos cómo y otras veces no logramos entenderlo. María estaba desposada con José [1] nos ha dicho el evangelio. María estaba de lleno en el trajín de la vida como cualquiera de nosotros, con sus compromisos, sus actividades, su círculo de relaciones y sus planes de desposorios. Y Dios irrumpe en medio modificando sus planes, proyectos e ideas que ha compartido con personas y que ha ido alimentando y perfilando a lo largo del tiempo, justo en el momento en que están al alcance de la mano, en que parece que está atado y resuelto y que el tiempo corre a su favor.
Dios irrumpe con un modo que provoca el asombro, el desconcierto "Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba que saludo era aquél" La acción de Dios provoca una conmoción inesperada, nos saca de las tranquilas y conocidas casillas en que andábamos metidos. Nos preguntamos por qué Dios permite el mal en el mundo, por qué las guerras, por qué el terrorismo. Por qué Dios permite la enfermedad de mi marido, el accidente de mi esposa o la muerte de mis padres, por qué permite que pase yo por una enfermedad ¿Por qué? Son cuestiones que muchas veces nos preguntamos los seres humanos.
Es entonces cuando ponemos en marcha el mecanismo de nuestra imaginación y comenzamos a destilar pensamientos y a "rumiar" mucho lo sucedido todo gobernado por la sorpresa por la acción de Dios.
La Virgen María sabia que su vida estaba en manos de Dios y se fía. Su mirada es la mirada de la mujer que se ofrece a Dios. Nos enseña a leer nuestra vida cuando resulta que Dios irrumpe en ella como protagonista absoluto.
En uno de los momentos cumbres de su vida, cuando estaba desposada con José, Dios irrumpe en su vida trastocándolo todo y su respuesta es "Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra" [2] por lo que su mirada es mirada de disponibilidad, es la mirada de la mujer que se muestra abierta a Dios y a los demás. No pone ninguna dificultad, no pide ningún signo especial, no insiste en que ella no es adecuada para esa misión.
El ser humano busca seguridades, busca cosas que le aseguren la felicidad. No nos engañemos, solamente encontraremos la felicidad en Dios. María nos enseña a mostrarnos disponibles a Él.
Pero María también está disponible a las necesidades de los demás. Así nos lo muestra cuando después del anuncio del ángel visita a su prima Isabel que espera un hijo. Debemos de leer los acontecimientos de nuestra vida en la persona de aquellos que nos rodean: cuáles son las necesidades de mi familia, cuales son las necesidades de nuestro pueblo, cuales son las necesidades de nuestra parroquia ...
En María vemos la ternura y el amor de Dios. En ella vemos el amor y la humildad de las madres cuando contempláis a vuestros hijos en la cuna mientras duermen. Su humildad no es falsa. No es que María esté convencida en su fuero interno de su propia valía y, sin embargo, se disfrace para quedar bien. Disfrazarse, mostrar algo que no somos es falsear nuestra imagen verdadera. María reconoce en todo momento su lugar en el plan de Dios, sabe que Dios se ha fijado en ella y se alegra y proclama su obra "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador" [3] así hemos escuchado en el salmo responsorial.
La humildad es camino obligado para obsequiarnos a Dios. María lo siguió aprendiendo a través de su vida así lo vemos cuando por tres días pierde a su hijo y lo busca desesperadamente. Cuando lo encuentra Jesús le dice "¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que yo debo ocuparme de los asuntos de mi padre?"[4] o cuando las bodas de Caná cuando intercede ante su hijo por los novios y Jesús le dice "Mujer a ti y a mí que. Todavía no ha llegado mi hora" No entiende el proceder de Jesús y es que Dios no es propiedad de nadie ni se somete a nuestros gustos.
Muchas veces no entendemos de antemano, y a veces tampoco a posteriori, las historias en que nos involucra ni el sentido del sendero por donde nos conduce. Y María nos invita a ir actuando continuamente esta humildad ante los sorprendentes planes de Dios.
Que al celebrar esta fiesta, que al levantar nuestra mirada a la Virgen María, Reina de los Ángeles, como casi todos los días hacemos, ella que es "consuelo del pecador, remedio de nuestros males, manantial de luz divina, dulce madre de bondad" [5] y protección de nuestro pueblo nos enseñe y ayude a ir trabajando estas actitudes: la fe, disponibilidad y humildad.
[1] Lc. 1,27
[2] Lc. 1, 38
[3] Lc. 1, 46
[4] Lc. 2, 48-50
[5] Himno a la Virgen de los Ángeles
La Sabiduría hace su propio elogio,
se gloría en medio de su pueblo.
Abre la boca en la asamblea del Altísimo
y se gloría delante de sus Potestades.
Yo salí de la boca del Altísimo
y como niebla cubrí la tierra;
habité en el cielo con mi trono sobre la columna de nubes.
Eché raíces en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad.
Como el terebinto extendí mis ramas,
ramas magníficas y graciosas.
Como vid eché hermosos sarmientos
y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos.
Yo soy la madre del amor,
del temor, de la ciencia y de la santa esperanza.
Venid a mí los que me amáis,
y saciaos de mis frutos;
mi nombre es más dulce que la miel,
y mi herencia mejor que los panales.
El que me come tendrá más hambre,
el que me bebe tendrá más sed.
El que me escucha no fracasará,
el que me pone en práctica no pecará.
Palabra de Dios
R/ EL PODEROSO HA HECHO OBRAS GRANDES POR MI, SU NOMBRE ES SANTO
V/ Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador. R/
V/ Porque ha mirado la humillación de su esclava,
desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo. R/
V/ Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R/
V/ Derriba del trono a los poderos,
enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R/
V/ Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres-
a favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R/
Hermanos:
Nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo.
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba! (Padre) Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo: -Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquel.
El ángel le dijo: -No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.
Palabra del Señor.
Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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