Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

Al principio creó Dios el cielo y la tierra
(Génesis 1,1)

Homilías

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Homilia Solemnidad de la Santísima Trinidad

Terminada la Pascua y la celebración de la presencia viva del Espíritu de Jesús en medio de nosotros animando y construyendo la Iglesia, nos reencontramos de nuevo con el tiempo ordinario. Y lo hacemos a lo grande, celebrando el misterio de la Santísima Trinidad, de la naturaleza de ese Dios misterioso y a la vez conocido que tanto nos quiere, que nos salva, de quien procedemos y a quien volvemos.

La Santísima Trinidad es el misterio central de nuestra fe. Dios es un misterio, porque Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo a la vez. Es Uno y, al mismo tiempo, Tres. Un misterio que quizá es difícil de entender y de explicar, pues no podemos concebir cómo se puede ser al mismo tiempo uno y tres. Hay una sola naturaleza divina y tres personas con esa naturaleza divina.

Dios es, además, y esencialmente, un misterio de amor, un misterio de relación personal en la comunión. El Padre es el origen de todo; el Hijo es la expresión del Padre, la Palabra hecha carne a través del cual se expresa el Padre; el Espíritu Santo es como el ambiente, el clima, el aire, el perfume, en el que se expresa Dios Padre por medio del Hijo.

La fiesta de la Santísima Trinidad es una invitación a descubrir nuestro ser personal. Si estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, también nosotros somos un misterio de relación, de comunión, un misterio de amor. Nuestra vida debe ser un reflejo de la vida divina que hay creciendo en nuestro interior.

Tenemos que ser una comunidad de Amor, como comunidad de Amor es el propio Dios, tres personas y un solo Dios, y lo tenemos que testimoniar en nuestra vida como comunidad parroquial, como hermanos que se aman, que se ayudan, que se perdonan, que se protegen y fortalecen mutuamente; y lo tenemos que testimoniar en nuestra vida matrimonial y familiar, forjando el respeto, la comprensión, la amabilidad y la unión entre padres y madres y entre padres e hijos.

Como el cuerpo es uno sólo, así tiene que ser nuestra Iglesia. Busquemos la unidad, diversidad de miembros, de personas, diversidad de ministerios, pero una misma finalidad: caminar unidos hacia el encuentro del Padre, con Cristo, por medio del Espíritu.

Que así sea.

  • primera lectura: Deuteronomio 4, 32-34.39-40

    Moisés habló al pueblo, diciéndole: "Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás desde un extremo a otro del cielo palabra tan grande como ésta?, ¿se oyó cosa semejante?, ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde fuego, y haya sobrevivido?, ¿algún Dios intento jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con nosotros en Egipto?". Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor, que el Señor es el único Dios arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo hoy, para seas feliz, tú y tus hijos, después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor tu Dios te da siempre.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 42

    R.- EL DICHOSO EL PUEBLO QUE EL SEÑOR SE ESCOGIÓ EN HEREDAD.

    La palabra del señor es sincera,

    y todas sus acciones leales;

    El ama la justicia y el derecho,

    y su misericordia llena la tierra. R.-

     

    La palabra del Señor hizo el cielo,

    el aliento de su boca, sus ejércitos,

    porque El lo dijo y existió,

    Él lo mandó y surgió. R.-

     

    Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,

    en los que esperan su misericordia,

    para librar sus vidas de la muerte

    y reanimarlos en tiempo de hambre. R.-

     

    Nosotros aguardamos al Señor:

    Él es nuestro auxilio y escudo;

    Señor, venga sobre nosotros,

    como lo esperamos de ti. R.-

  • segunda lectura: Carta de San Pablo a los Romanos 8, 14, 17

    Hermanos: los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos que no hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para también con él glorificados.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Mateo 28, 16 - 20

    En aquel tiempo los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

    -- Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo

    Palabra del Señor

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