Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro"
San Pablo (Rm. 8, 39)

Homilías

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Homilia Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen Maria

Durante este tiempo de Adviento estamos hablando de nuestros deseos y de su cumplimiento. Y, salvo en el caso de personas enfermas, un deseo general es el deseo de limpieza. Hoy celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. "Inmaculada" significa "que no tiene mancha", refiriéndose al pecado, como diremos en el Prefacio: "preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original". Y hoy nuestro deseo debe ser estar limpios de pecado, como María.

Pero somos conscientes de que espiritualmente padecemos una especie de "síndrome de Diógenes". Descuidamos nuestra vida, nuestra limpieza de alma, y poco a poco vamos acumulando "basura" en nosotros por el pecado que vamos cometiendo de pensamiento, palabra, obra y omisión. No tomamos conciencia de la riqueza que hemos recibido en nuestro bautismo, de la riqueza que recibimos en la Eucaristía y los demás sacramentos, de la riqueza que tenemos a nuestra disposición si cuidáramos la oración, el compromiso, la formación y vivimos y nos movemos en medio de una gran pobreza espiritual.

Y aun cuando caemos en la cuenta de esto, también somos conscientes de que por nosotros mismos no podemos librarnos de toda esa "basura" que por nuestro pecado hemos ido acumulando, y necesitamos que venga el "servicio de limpieza" a librarnos de ella. Por eso hoy, mirando a María Inmaculada, hacemos nuestra la oración que diremos sobre las ofrendas: "así como a ella la preservaste limpia de toda mancha, guárdanos también a nosotros... limpios de todo pecado".

Pero, conscientes de nuestra realidad y de nuestra debilidad, también podemos preguntarnos, como María en el Evangelio: "¿Cómo será eso...?" ¿Cómo podremos quedar limpios de pecado?

Y la respuesta que recibimos es la misma que María: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti...". El Espíritu Santo es quien realiza el "servicio de limpieza" en nosotros por medio del sacramento de la reconciliación, tal como se dice en la fórmula de la absolución: "Dios, Padre misericordioso... derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados...". El Espíritu Santo es quien hace que se cumpla nuestro deseo de limpieza.

Pero hoy, contemplando a María, también debemos darnos cuenta de que ella supo conservar la limpieza, la pureza que había recibido por su Inmaculada Concepción. Por eso, nuestro deseo de limpieza no debe consistir sólo en "estar limpios" sino en "ser limpios", porque como dice el conocido refrán: "No es más limpio el que más lava, sino el que menos ensucia".

Hoy pedimos al Padre, por intercesión de María Inmaculada, que el Espíritu Santo nos enseñe a no ensuciarnos, que nos cure del "síndrome de Diógenes" espiritual, que nos haga conscientes de las riquezas que hemos recibido y recibimos de Dios, para que llevemos un estilo de vida evangélico según el modelo que tenemos en María, y así, en el seguimiento de Jesús, sepamos evitar las ocasiones de mancharnos y no acumulemos "basura" en nuestra vida.

Contemplando a María en su Inmaculada Concepción, preguntémonos: ¿Tengo deseo de limpieza, o padezco en mayor o menor grado el "síndrome de Diógenes" espiritual? ¿Soy consciente de la riqueza que he recibido en el bautismo y que puedo seguir recibiendo en los sacramentos, en la oración en la formación... o llevo una vida de "pobreza espiritual"? ¿Con qué frecuencia recurro al "servicio de limpieza" en el sacramento de la reconciliación? ¿Procuro ser limpio", qué hago para evitar mancharme, qué tendría que cuidar y reforzar para evitar caer en el pecado?

Que la fiesta de hoy nos ayude a avivar nuestro deseo de ser limpios, como María, y puesto que "para Dios nada hay imposible", aunque seamos conscientes de nuestra debilidad pongámonos en sus manos con toda confianza para que el Espíritu Santo pueda venir sobre nosotros y así, siguiendo a Jesús con fidelidad, como María, y contando con su intercesión, lleguemos al Padre limpios de todas nuestras culpas.

  • primera lectura: Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

    Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

    -- ¿Dónde estás?

    El contestó:

    -- Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.

    El Señor le replicó:

    -- ¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol que te

    prohibí comer?

    Adán respondió:

    -- La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.

    El Señor dijo a la mujer:

    -- ¿Qué es lo que has hecho?

    Ella respondió:

    -- La serpiente me engañó, y comí.

    El Señor Dios dijo a la serpiente:

    -- Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.

    El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 97

    R.- CANTAD AL SEÑOR UN CÁNTICO NUEVO, PORQUE HA HECHO MARAVILLAS.

     

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    porque ha hecho maravillas:

    su diestra le ha dado la victoria,

    su santo brazo. R.-

     

    El Señor da a conocer su victoria,

    revela a las naciones su justicia:

    se acordó de su misericordia y su fidelidad

    en favor de la casa de Israel. R.-

     

    Los confines de la tierra han contemplado

    la victoria de nuestro Dios.

    Aclama al Señor, tierra entera;

    gritad, vitoread, tocad. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12.

    Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad.

    Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1, 26- 38

    En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

    -- Alégrate, llena de gracia, el Señor esta contigo.

    Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

    -- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

    Y María dijo al ángel:

    -- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?

    El ángel le contestó:

    -- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

    María contestó:

    -- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

    Y la dejó el ángel.

    Palabra del Señor

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