Si nos detenemos a pensar, descubrimos en nosotros, y a nuestro alrededor, que es muy fácil y nos resulta fácil apartarnos de Dios y sus caminos, que incluso brota de nosotros un fuerte impulso dejarle de lado para hacer lo que queramos, cuando queramos y como queramos, sin pararnos a pensar en si está bien o mal, ni en las consecuencias. Queremos decir "no" a Dios. Experimentamos la fuerza del pecado.
Y cuando nos paramos a pensar, nos preguntamos: ¿Cómo es eso? ¿Cómo somos capaces de decir "no" a Dios, cómo somos capaces de pecar? La fiesta que hoy celebramos, la Inmaculada Concepción de la Virgen María, nos ofrece algunas pistas frente a la realidad del pecado.
La 1ª lectura nos ofrece un relato para explicarlo. Podemos descubrir que Dios, al crear al hombre a su imagen y semejanza, quiso establecer con él una relación de amor. Pero para que pueda haber verdadero amor, hace falta que el ser humano sea libre, pero la libertad conlleva un riesgo: el ser humano puede orientar su vida hacia Dios y el bien, o puede decir "no" a Dios. El relato del Génesis nos muestra que el mal tiene su origen en que el ser humano, haciendo un mal uso de su libertad, pretende ser como Dios; a partir de ahí se tergiversa la relación con Dios, al que se ve como un rival, y se rebela contra Él y sus mandamientos. Así comenzaría lo que llamamos "pecado original", la raíz de todos los otros pecados: la ruptura con Dios, la desobediencia a sus mandamientos.
Y este pecado original se convierte en una constante en todos los seres humanos, que repiten una y otra vez los esquemas de una libertad mal enfocada porque unos para otros somos como mediadores que permiten que ese pecado original continúe activo. Pero esta cadena se romperá definitivamente en Cristo. Él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciendo entre nosotros nos mostrará cómo reorientar de nuevo nuestra libertad hacia Dios, nos mostrará que Dios es Amor, que no debemos temerle ni verlo como un rival, que podemos amarle y, por amor, guardar sus mandamientos.
Y para que Cristo pueda nacer entre nosotros y lleve adelante la obra de la redención, necesita una digna morada, como hemos dicho en la oración colecta: por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada y... la preservaste de todo pecado. Como diremos en el Prefacio, María fue preservada de toda mancha de pecado original, para que... fuese digna madre de tu Hijo. Pero no sólo eso: María, por su Inmaculada Concepción, también es comienzo e imagen de la Iglesia, colaboradora en la obra de la redención, y su respuesta al anuncio del ángel: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra, nos señala a todos la actitud para luchar contra el pecado.
La fiesta de hoy nos recuerda a todos que estamos invitados a usar correctamente nuestra libertad para seguir los caminos de Dios. ¿Cómo será eso posible? Como los siguió María: aceptando la voluntad de Dios, acogiendo a Cristo en nuestra vida y dejándonos guiar por su Palabra.
E n la 2ª lectura san Pablo nos ha recordado que Dios Padre nos ha destinado en la persona de Cristo... a ser sus hijos. Si Cristo, el Hijo de Dios, rompe definitivamente esa cadena del pecado original, nosotros, unidos a Él por el Bautismo y por tanto como hijos de Dios, también romperemos en nosotros la fuerza y continuidad del pecado. Y para unirnos a Cristo, contamos con el ejemplo y la intercesión de la Virgen María: puesto que el pecado es decir "no" a Dios, María Inmaculada nos enseña a luchar contra ese pecado diciendo "sí" a Dios. Y ese "sí" repetido con total libertad será el que nos vaya haciendo fuertes frente al pecado, para que también Cristo pueda morar en nosotros y así, con libertad y por amor, podamos cumplir la voluntad de Dios como Él y la Virgen María la cumplieron.
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