Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Homilia Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

Celebrar hoy la fiesta de la Asunción de la Virgen María a los cielos no es conmemorar un privilegio más de María que la aparte más y más de nosotros. Celebrar la Asunción es aunarnos al canto de María: "Dichosa porque me felicitarán de generación en generación porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí".

Celebrar la Asunción de María es celebrar la esperanza. Sí, hermanos, hoy es el día esperanzador en que empieza a cumplirse una de las promesas que el Señor, Jesús, el Hijo de Dios, nos ha hecho a nosotros: "el que cree en mí, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día".

La Asunción de María no hace más que anticipar nuestra resurrección y nuestra ascensión a los cielos. María, una como nosotros, ha alcanzado lo más alto. Es verdad que María tuvo una misión y un puesto de privilegio: el ser Madre del Hijo de Dios. Y verdad es que María tuvo la libertad de decir Sí o decir No. El verdadero mérito de María nos lo dice Jesús en el Evangelio en aquel pasaje en el cual las mujeres le gritan diciéndole: "bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron", a lo que Jesús responde resaltando la verdadera virtud de María, no su puesto de privilegio como madre suya, sino como creyente: "más bien bendito el que oye la palabra de Dios y la cumple, el que cree en mi y en mi palabra, porque tiene vida eterna".

Hermanos, celebrar hoy esta fiesta de la Asunción de María es celebrar una consecuencia del Misterio central de nuestra Fe: la Resurrección de Jesucristo en el que todos hemos resucitado.

Jesús murió y resucitó. Ese Jesús que vivió con los Apóstoles hoy vive. María que llevó en su seno a Jesús hoy vive. Y nosotros que estamos aquí un día moriremos y también viviremos con Jesús y María. Dejemos a un lado el "como" y el "cuando" que no lo podemos imaginar. Y quedémonos con esta realidad de Fe y creamos.

María se nos ha adelantado. Ha corrido mejor en la carrera. Dios la ha puesto en lo alto del cielo, como estrella llena de luz que nos llene de esperanza al hacer nuestro camino:

- cuando la lucecilla de nuestra fe vacile, miremos a la estrella y pidamos a María esa fe que nos trae la vida eterna.

- cuando nos encontremos desesperanzados por los problemas familiares, económicos, de enfermedades, miremos a la estrella y, María nos dará esperanza, que también Ella llegó a lo alto por senderos empinados y duros de montaña. También ella estuvo al pie de la cruz. También ella se desgarró su corazón al ver a su Hijo morir.

- cuando nos demos cuenta de que la borrachera de la diversión, del pasarlo bien, del egocentrismo se va apoderando de nosotros, pidamos a María que no permita que seamos juguetes de los demás, porque llevamos en nosotros el tesoro de la vida eterna.

Hermanos, pidamos hoy a María que cada día nos asemejemos más a ella. Que María, Madre de Dios y Madre Nuestra, en esta fiesta de la Asunción, nos llene de alegría y esperanza y sea la estrella que nos conduzca a donde esta Cristo.

Que así sea.

  • primera lectura: Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a; 12, 1.3-6a.10ab

    Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y doce cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón esta enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse al niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

    -- Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 44

    R.- DE PIE A TU DERECHA ESTÁ LA REINA, ENJOYADA CON ORO DE OFIR.

    Hijas de reyes salen a tu encuentro

    de pie a tu derecha está la reina,

    enjoyada con oro de Ofir.- R.-

     

    Escucha, hija, mira: inclina el oído,

    olvida tu pueblo y la casa paterna;

    prendado está el rey de tu belleza:

    póstrate ante él, que él es tu señor.- R.-

     

    Las traen entre alegría y algazara,

    van entrando en el palacio real. - R.

  • segunda lectura: Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 20-27a

    Hermanos:

    Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lucas 1, 39 - 56

    En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

    --¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

    María dijo:

    --Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia --como lo había prometido a nuestros padres-- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

    María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

    Palabra del Señor

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