El domingo pasado iniciábamos el tiempo de Adviento con el ejemplo de un cumpleaños en el que, antes de soplar las velas de la tarta, pedimos un deseo. Hay personas a las que eso de "pedir un deseo" les parece una tontería, porque están convencidos de que los deseos no se cumplen. Y es cierto que el cumplimiento de algunos deseos queda fuera de nuestro alcance o posibilidades; pero también es cierto que hay otros deseos que, si pusiésemos más de nuestra parte, podríamos hacerlos realidad, podríamos hacer que se cumplieran.
En este segundo domingo de Adviento, hemos escuchado en la 1ª lectura el anuncio de un estado de paz, tranquilidad, seguridad... descrito con imágenes muy expresivas: "Habitará el lobo con el cordero... el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid... No harán daño ni estrago... ". Un estado de vida que, traducido a nuestra realidad actual, en principio a todos nos gustaría, todos desearíamos poder disfrutarlo.
Quizá la primera reacción ante este anuncio es considerarlo como irreal e ilusorio, porque estamos convencidos de que eso no se va a producir. Pero como ha dicho san Pablo en la 2ª lectura, "Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra". Y en esa 1ª lectura encontramos también el anuncio de cómo será posible que ese estado de vida que todos deseamos se vaya haciendo realidad: "Brotará un renuevo del tronco de Jesé... Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de ciencia... valentía... consejo y valor... piedad y temor del Señor". Es el anuncio que hace el profeta de la llegada del Mesías, que "No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado... será la justicia ceñidor de sus lomos, la fidelidad, ceñidor de su cintura", y por eso enseñará al pueblo el modo de actuar para que el deseo de justicia y paz pueda cumplirse.
Ese Mesías esperado es Jesús, cuya encarnación en nuestra realidad humana para nuestra salvación nos disponemos a celebrar. Él es el Camino que hemos de recorrer, la Verdad que hemos de asumir y la Vida a la que debemos aspirar. De ahí la predicación urgente de Juan Bautista: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos". La llegada del Mesías esperado, entonces y ahora, pide de nosotros preparar "el camino del Señor", para que sintamos su Reino cada vez más cercano.
Nuestra conversión es un proceso; y que el Reino de Dios se vaya haciendo realidad también conlleva un proceso, a veces lento e incluso imperceptible para nuestros ojos, y podemos caer en la desesperanza porque nos parece que nuestro deseo de un cambio a una vida mejor no se cumple, y que la realidad social, económica, política... y nosotros mismos seguimos igual. Por eso la celebración un año más del Adviento nos tiene que llevar a recordar lo que san Pablo nos decía en la 2ª lectura: "entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza".
Una esperanza "activa", porque aun respetando los procesos, sí que debemos ir poniendo de nuestra parte lo que podemos para que nuestro deseo se vaya cumpliendo, para que ese estilo nuevo del Reino sea cada vez más patente: "estar de acuerdo entre vosotros, como es propio de cristianos... acogeos mutuamente como Cristo os acogió...". Nuestra conversión puede comenzar por ahí, por nuestra relación con los demás, es un modo de "preparar el camino del Señor y de allanar sus senderos".
¿Tengo esperanza en que el estilo nuevo del Reino se irá haciendo realidad en nuestro mundo, o no creo que ese deseo se cumpla? ¿Espero verdaderamente al Mesías? ¿Cómo preparo su camino? ¿Qué signo de conversión puedo incorporar a mi vida durante este Adviento?
La Eucaristía es un anticipo del banquete del Reino de los Cielos, el mismo Señor se nos da ahora como alimento para que preparemos sus caminos. Deseemos pues la Eucaristía, deseemos convertirnos, hagamos vida la Eucaristía para que, preparando el camino del Señor y allanando sus senderos, acojamos al Mesías en lo cotidiano de nuestro trabajo y relaciones para que nuestro deseo de un Reino de paz, justicia y amor pueda cumplirse.
Aquel día:
Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre. Herirá al violento con el látigo de su boca, con el soplo de sus labios matará al impío. Será la justicia ceñidor de sus lomos; la fidelidad ceñidor de su cintura.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo: porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.
Palabra de Dios
R.- QUÉ EN SUS DÍAS FLOREZCA LA JUSTICIA Y LA PAZ ABUNDE ETERNAMENTE
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.-
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R.-
El librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R.-
Que su nombre sea eterno
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.-
Hermanos:
Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Qué Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, como es propio de cristianos, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo.
En una palabra, acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: "Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre."
Palabra de Dios
Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:
--Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: "Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos".
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:
--Raza de víboras, ¿quién os enseñado a escapar de la ira inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.
Palabra del Señor
Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
Plaza de la iglesia 2 ·
Teléfonos: 96 168 84 21 - 652188596
Mail: j.luis2288@yahoo.es