Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Por esto, queridos hermanos, manteneos firmes, inconmovibles, trabajando más y más en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestro trabajo"
San Pablo (1 Cor. 15, 57)

Homilías

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Homilia Primer Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

El Miércoles de Ceniza inauguramos el tiempo de Cuaresma, durante el cual vamos a procurar aprovechar este "tiempo de gracia" para tener unos encuentros con Jesús.

En este primer domingo de Cuaresma vamos a encontrarnos con "la verdad desnuda", la verdad tal cual es, clara, sin "disfraces". Es "nuestra" verdad, no porque haya diferentes verdades, sino porque la Palabra de Dios va a ponernos delante de nosotros mismos y de algo que debemos tener presente si queremos tener un encuentro real y profundo con Jesús. Y esa "verdad desnuda" es que tenemos una fuerte tendencia a rechazar a Dios y su voluntad.

En la 1ª lectura hemos escuchado el relato de Adán y Eva, que nos muestra cómo, a pesar de todo lo que Dios ha hecho por el ser humano - "sopló en su nariz un aliento de vida, lo colocó en el Edén..."- el hombre y la mujer rechazan cumplir la voluntad de Dios porque quieren ser "como Dios". Y al incumplir la voluntad de Dios, "se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos". En ese momento se enfrentan con su verdad "desnuda": han rechazado a Dios.

La tentación del rechazo a Dios y a su voluntad se nos presenta como algo "apetitoso, atrayente, deseable..." y que puede realizarse de muchas maneras, como hemos visto en el Evangelio de las tentaciones: búsqueda de la propia satisfacción y comodidad; utilización del nombre de Dios para los propios intereses; ambición de lo material y del poder como centro de la propia vida.

Y si nos detenemos a reflexionar, la Palabra de Dios nos pone ante nuestra verdad desnuda: porque aunque estemos decididos a seguir a Jesús y a hacer la voluntad del Padre, llega un momento en que también, en el desierto de la vida, "sentimos hambre" y nos viene la tentación de la vida fácil, egoísta y descomprometida; o pretendemos que Dios justifique nuestros intereses y haga nuestra voluntad"; o los "dioses" del materialismo y consumismo lo sustituyen.

La primera tentación: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes", es un "chantaje" que tiene como centro la necesidad inmediata, la -- digámoslo así -- "menesterosidad" de todo ser humano. Se le dice: "Agárrate a lo que necesitas ahora; sacia tu hambre y déjate de historias. Vale lo que sirve, lo que nos saca de apuros". Pero la solución definitiva no es usar de cosas y de personas, Dios incluido. A lo inmediato, Jesús opone el alimento que es la Palabra de Dios. Es el único absoluto.

La segunda tentación: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo; sus ángeles cuidarán de ti", es la tentación de usar a Dios para lo que nos conviene y cuando nos conviene. La traducción sería: "Sirve creer en un Dios que nos sirve cuando lo necesitamos, para sacarnos de apuros". Jesús responde al tentador diciendo: "No pongas a prueba a Dios. No dictes a Dios qué es lo que tiene que hacer. No reduzcas a Dios a que haga tu voluntad: Deja a Dios ser Dios".

La tercera tentación: "Te daré todo si me adoras". Es la tentación más fuerte. Es la tentación de quienes están dispuestos a entregarse a quien sea y como sea con tal de hacerse dueños de los otros. Poner a todos a nuestro servicio.

Jesús responde tajantemente: "Sólo a Dios adorarás. Sólo a Dios servirás".

En Jesús tenemos el modelo a seguir para enfrentarnos a nuestra verdad desnuda y aprender a superar la tentación de rechazar a Dios.

¿Soy consciente de cuál es mi "verdad desnuda", mi realidad de pecado? ¿He rechazado a Dios aun sabiendo todo lo que Él ha hecho y hace por mí? ¿En qué situaciones concretas se me han presentado las tres tentaciones que hemos escuchado en el Evangelio? ¿Pude superar la tentación? ¿Recurro a Jesús y a su Palabra para aprender a no caer en la tentación de rechazar a Dios?

Como hemos dicho, ante nuestra "verdad desnuda" tenemos la verdad plena que es Jesús. Que los "encuentros" que vamos a ir teniendo durante esta Cuaresma, y sobre todo el encuentro en la Eucaristía, nos ayude a descubrir que, por encima de las tentaciones de este mundo sólo Dios nos ofrece la plena liberación y salvación y el logro de una felicidad mayor de la que podemos imaginar.

  • primera lectura: Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

    El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:

    --¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?

    La mujer respondió a la serpiente:

    --Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."

    La serpiente replicó a la mujer:

    --No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.

    La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 50

    R.- MISERICORDIA, SEÑOR: HEMOS PECADO.

     

    Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

    por tu inmensa compasión borra mi culpa,

    lava del todo mi delito,

    limpia mi pecado. R.-

     

    Pues yo reconozco mi culpa,

    tengo siempre presente mi pecado:

    contra ti, contra ti solo pequé,

    cometí la maldad que aborreces. R.-

     

    Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

    renuévame por dentro con espíritu firme;

    no me arrojes lejos de tu rostro,

    no me quites tu santo espíritu. R.-

     

    Devuélveme la alegría de tu salvación,

    afiánzame con espíritu generoso.

    Señor, me abrirás los labios,

    y mi boca proclamará tu alabanza. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 5, 12-19

    Hermanos:

    Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una trasgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.

    Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la trasgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.

    Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo,, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.

    En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 4, 1- 11

    En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:

    --Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.

    Pero él le contestó, diciendo:

    --Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."

    Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:

    --Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."

    Jesús le dijo:

    --También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."

    Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:

    --Todo esto te daré, si te postras y me adoras.

    Entonces le dijo Jesús:

    --Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto."

    Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían

    Palabra del Señor

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