Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Por esto, queridos hermanos, manteneos firmes, inconmovibles, trabajando más y más en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestro trabajo"
San Pablo (1 Cor. 15, 57)

Homilías

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Homilia Misa del Día (ciclo A)

"La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros". Esta es la gran noticia que hoy celebramos. La buena noticia de un Dios que está con y en medio de nosotros.

Por ello, nuestra actitud en esta esplendorosa mañana de la Navidad no puede ser otra que ésta: Alegría, alegría, alegría.

Alegría por los niños que acaban de nacer y los que van a nacer. Alegría por los más ancianos que en estos días viven una Navidad más. Alegría para los que tienen esperanza y para los que ya la han perdido. Alegría para los abandonados por todos. Alegría para las madres de familia que en estos días estarán más cansadas de lo habitual, y para esos hombres que a lo mejor en estos días se olvidan un poquito de ganar dinero y descubren que hay cosas mejores en el mundo.

Sí, hermanos, ¡Alegría, alegría para todos! Alegría, porque Dios se ha vuelto loco y ha plantado su tienda en medio de nosotros. Alegría, porque Él, en Navidad, trae alegría suficiente para todos.

La Navidad encierra un secreto profundo que, desgraciadamente, se les escapa a muchos de los que hoy celebrarán "algo", sin saber exactamente qué.

Muchos no pueden ni siquiera sospechar que la Navidad nos ofrece la clave para descifrar el misterio último de nuestra existencia.

Generación tras generación, los hombres han gritado angustiados sus preguntas más hondas. ¿Por qué tenemos que sufrir, si desde lo más íntimo de nuestro ser todo nos llama a la felicidad? ¿Por qué tanta humillación? ¿Por qué la muerte si hemos nacido para la vida?

Los hombres preguntaban... Y preguntaban a Dios porque, de alguna manera, cuando estamos buscando el sentido último de nuestro ser, estamos apuntando hacia Él. Pero Dios parecía guardar un silencio impenetrable.

Ahora, en la Navidad, Dios ha hablado. Tenemos ya su respuesta. Pero Dios no nos ha hablado para decirnos palabras hermosas acerca del sufrimiento, ni para ofrecernos disquisiciones profundas sobre nuestra existencia.

Dios no nos ofrece palabras. No. "La Palabra de Dios se ha hecho carne". Es decir, Dios más que darnos explicaciones, ha querido sufrir en nuestra propia carne nuestros interrogantes, sufrimientos e impotencia.

Dios no da explicaciones sobre el sufrimiento, sino que sufre con nosotros. No responde al porqué de tanto dolor y humillación, sino que Él mismo se humilla. Dios no responde con palabras al misterio de nuestra existencia, sino que nace para vivir Él mismo nuestra aventura humana.

Ya no estamos perdidos en nuestra inmensa soledad. Ya no estamos sumergidos en pura tiniebla. Él está con nosotros. Hay una luz. "Ya no estamos solitarios sino solidarios". Dios comparte nuestra existencia.

Ahora todo cambia. Dios mismo ha entrado en nuestra historia y en cada vida personal. La creación está salvada. Es posible vivir con esperanza. Merece la pena ser hombre. Dios mismo comparte nuestra vida y con Él  podemos caminar hacia la plenitud.

Como los pastores, sin nada, vacíos de todo lo externo, simplemente con lo que somos, podemos caminar hacia el portal para encontrarnos con el Niño, con la "Palabra de Dios hecha carne". Porque sí, no lo olvidemos, Dios "tiene palabra" y la cumple.

Por eso, la Navidad es siempre para los creyentes una llamada a renacer. Una invitación a renacer la alegría, la esperanza, la solidaridad, la fraternidad y la confianza total en el Padre.

Hoy, más que nunca, debemos estar felices. De todo corazón os deseo Feliz Navidad. Qué la Palabra de Dios con toda su fuerza y también con toda su ternura habite en nuestros corazones y se quede siempre ahí. Qué la bondad, la alegría y amor que Dios ha manifestado a la humanidad con el nacimiento de su Hijo haga brotar en nosotros sentimientos y actitudes de renacer para testimoniar con nuestra alegría y nuestra esperanza la gran noticia del Evangelio.

Que así sea.

  • primera lectura: Lectura del libro de Isaias 52, 7-10

    ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: "¡Tu Dios es rey!" Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.

    Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

    Palabra de Dios.

  • salmo responsorial: Salmo 97

    R.- LOS CONFINES DE LA TIERRA HAN CONTEMPLADO LA VICTORIA DE NUESTRO DIOS.

     

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    porque ha hecho maravillas:

    su diestra le ha dado la victoria,

    su santo brazo. R.-

     

    El Señor da a conocer su victoria,

    revela a las naciones su justicia:

    se acordó de su misericordia y su fidelidad

    en favor de la casa de Israel. R.-

     

    Los confines de la tierra han contemplado

    la victoria de nuestro Dios.

    Aclama al Señor, tierra entera;

    gritad, vitoread, tocad. R.-

     

    Tañed la cítara para el Señor,

    suenen los instrumentos:

    con clarines y al son de trompetas,

    aclamad al Rey y Señor. R.-

  • segunda lectura: Comienzo de la carta a los Hebreos 1, 1-6

    En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: "Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado", o: "Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo"? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios."

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 1, 1-18

    En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

    Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

    La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

    Juan da testimonio de él y grita diciendo:

    -- Este es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."

    Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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