Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro"
San Pablo (Rm. 8, 39)

Homilías

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Homilia Misa de Medianoche (ciclo A)

En medio de la noche, en la plenitud de los tiempos, ha aparecido la salvación de Dios. Esto, amigos y hermanos, se convierte esta noche, en el centro, la novedad y en la gran noticia que debemos gritar al mundo: ha nacido Dios. Debemos gritarlo a los cuatro vientos porque el mundo vive de espaldas a esta realidad. Como la penumbra de esta noche fría, el mundo vive a oscuras y frío de esperanza.

La primera lectura de Isaías nos habla de ese pueblo que caminaba en tinieblas y vio una gran luz. Hoy brilla la luz sobre nosotros porque ha nacido el Señor. Ese es el gran anuncio que hoy conmueve a los cristianos y que a través de ellos se dirige a la humanidad entera: ¡Dios está aquí!.

Este gran misterio de Fe, lo hemos ido preparando en estas cuatro semanas de adviento. Ha sido un tiempo de esperanza, de vigilancia y de esponjar nuestros sentimientos y nuestros corazones para que, el Señor, no pase de largo, para que se quede en nuestro interior y para que lo manifestemos con nuestras obras y actitudes ante la vida.

Si Dios hoy nace se tiene que notar. Lo primero en nuestra alegría. Una sincera alegría que brote de lo más profundo de nuestro ser. Y, después, en nuestra disposición para encontrarnos con los demás, como hermanos, perdonando a quien nos haya ofendido, incluso sin pedirnos perdón, compartiendo, lo que tenemos y lo que no tenemos, con total desprendimiento, como Dios vino al mundo, despojándose de todo lo que es, de su divinidad, para ser hombre, y hombre como nosotros, un recién nacido, vulnerable y cobijado en aquel establo.

Durante estas cuatro semanas de adviento hemos manifestado nuestro deseo y nuestra esperanza en el nacimiento de Jesús. La esperanza, virtud cristiana que Jesús nos trae hoy.

Desde ahora, ya, debemos acrecentar en nosotros un hambre de espiritualidad y deseo de entablar una amistad con Jesús, de acercarse a Él para rezarle, para amarlo.

Esta noche es ese acto maravilloso de adoración en el cual salimos de nosotros mismos para entrar en la vida de Jesús. Esta noche es esa corriente de aire nuevo y puro que va de un lado a otro del mundo entero, un aire que quiere que Jesús reine, que Jesús esté con nosotros.

Por eso, la humanidad que caminaba en tinieblas mira con cariño a ese Niño que nace. Cada navidad ha de ser para nosotros un nuevo encuentro especial con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma.

San Pablo, en la segunda lectura nos dice: "Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación a todos los hombres". La omnipotencia divina, el creador del mundo, el autor de la vida, la sabiduría más grande, la bondad infinita, Dios ha querido venir a habitar, ser uno más de nosotros. Dios ha querido manifestar su esplendor a través de lo humano, se ha hecho hombre. Ya nada de lo que nos preocupa, nada de lo que nos atrae —salvo el pecado— todo es motivo de encuentro con Jesús.

Hoy, la Iglesia celebra con gozo, no con triunfalismo, sino con el triunfo de Dios que se hace hombre. Hoy este Niño me enseña (nos enseña) a vivir, a amar, a perdonar, a ayudar a los demás; me enseña (y nos enseña) especialmente a cuidar a los niños, a los enfermos, a los ancianos, a los que están solos, a los atribulados, a los que viven en el "sin-sentido", a los pobres, a los marginados, a los que pasan hambre, a los tristes, a los que han perdido la ilusión,…

Ese Niño, siendo Dios, se hace uno como nosotros para enseñarnos desde la humildad, pequeño, pobre y sencillo el infinito Amor de Dios hacia los hombres. ¿No puede por menos que brotar de nuestro interior una amorosa respuesta de gratitud?

Sí, hermanos, nuestra respuesta siempre nueva, con la novedad del amor, debe estar llena esta noche de asombro.

Jesús, que nunca nos acostumbremos a tu proximidad, que siempre haya ese asombro que brota de lo más profundo de cada uno, que siempre haya esa profunda gratitud, inacabable, perenne.

Hoy Jesús nos da una lección: procuremos revestirnos de humildad, esa humildad que no exige, que perdona, que siempre defiende la verdad, que es paciente, alegre, entusiasta; una humildad que fascina, que despierta en los demás la fraternidad; una humildad que nos recuerda que somos hermanos, que deja atrás el pesimismo; porque con la venida de Jesús todo tiene arreglo: ha venido a salvarnos.

La Iglesia nos llama en esta fiesta de navidad, a una gran cruzada de espiritualidad: rezar, adorar, amar con ese amor que viene de Dios, —que no es un amor horizontal— y vuelve a Dios, que nos pone de rodillas y nos lleva a contemplar con humildad la grandeza de nuestro Dios y que siempre nos dice:

¡Despierta de esa mala noche que tanto pesimismo intenta sembrar en el alma!. ¡Despierta, que Jesús viene al mundo para salvarte!. No le pongamos a Jesús tareas sociales, económicas o políticas, Jesús viene a salvarte del pecado a ti, a mí, a nosotros; viene a consolar tu corazón, viene a llenarte de gozo. Viene a despertar al hombre para que deje el abuso, el egoísmo, la mentira, la violencia. Viene para sembrar paz.

Por eso, el ángel se nos acerca igual que a esos pastores y nos dice: "No temáis, os traigo una buena noticia; no temáis, Dios está de nuestro lado".

La Iglesia como buena Madre abre sus brazos, perdona; te mima, te acompaña. Nuestra religión y nuestra Iglesia está llena de gozo, presentemos nuestra fe con la sencillez del pesebre. "No temas, te traigo una buena noticia, hoy, en la ciudad de David ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor; y aquí tienes la señal, encontrarás un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre".

Hermanos, este mundo está tan lleno de materialismo. La riqueza no es mala, pero hay que compartirla, lo que es malo es el egoísmo. No dejemos que ese ídolo del éxito, del dinero que se mete en el mundo del consumo (especialmente en estas fechas), apague la llama del espíritu.

Cuando el hombre deja de adorar, también deja de haber paz en la tierra. Por eso hoy deseemos a todos, sin distinciones, una Feliz Navidad adorando a este Niño con humildad, con alegría; y al mismo tiempo, deseemos esa paz a los hombres que ama el Señor.

Madre nuestra, María, que hoy estás especialmente alegre contemplando a tu Hijo, te acompañamos en esta noche maravillosa unidos a José, tu esposo. ¡Qué la familia de Nazareth bendiga y proteja a nuestro pueblo reunida aquí esta noche para celebrar y recordar haciendo actual el nacimiento del Niño Dios!.

Que así sea.

  • primera lectura: Lectura del libro de Isaias 9, 1-3.5-6

    El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierras de sombra, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repetirse el botín. Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada en sangre, serán combustible, pasto del fuego. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madían. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz. Para dilatar el principado con una paz sin limites, sobre el Trono de David y sobre su Reino. Para sostenerlo y consolarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor lo realizará.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 95

    R.- HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: EL MESÍAS, EL SEÑOR

     

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    cantad al Señor, toda la tierra;

    cantad al Señor, bendecid su nombre. R.-

     

    Proclamad día tras día su victoria,

    contad a los pueblos su gloria,

    sus maravillas a todas las naciones R.-

     

    Alégrese el cielo, goce la tierra,

    retumbe el mar y cuanto lo llena;

    vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,

    aclamen los árboles del bosque. R.-

     

    Delante del Señor que ya llega,

    ya llega a regir la tierra.

    El juzgará el orbe con justicia

    y a los pueblos con su verdad. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la carta del apóstol San Pablo a Tito 2, 11-14

    Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo. El se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad, y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 1- 14

    En aquel tiempo salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

    Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo:

    --No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

    De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

    --Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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