Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Homilia Misa de Medianoche

¡Gloria a Dios y paz a los hombres! ¡El Señor está con nosotros!. Esta es la alegre noticia de esta noche.

Es Navidad y Dios ha nacido entre nosotros. Ya no tenemos que ir lejos a buscarlo. Sólo necesitamos fe y amor, sencillez y sinceridad para encontrarnos con Él. Él está entre nosotros.

Alegre y gozosa esta noche. Noche llena de contrastes.

Como hemos leído en la Primera Lectura, cuanto profetizó Isaías en la noche del destierro de Babilonia se cumplió, y se cumple hoy, en la persona de Jesús, un Niño Rey, luz que brilla y trae la salvación y la alegría a los hombres. Sin embargo, no olvidemos que este Niño no sólo llena de ternura los corazones, sino que es la presencia viva de la gracia que Dios nos ofrece y exige de nuestra parte la respuesta de una vida de entrega y confianza.

Noche llena de contrastes porque tiene que ser el propio Dios quien venga a este mundo, se ponga nuestro ropaje humano y nos enseñe como debemos ser hombres. Lejos queda ya, en la noche de los tiempos, la soberbia, el orgullo, la arrogancia de nuestros primeros padres de querer ser como dioses. Hoy es Dios quien se humilla, se hace pequeño y nos enseña, desde el portal de Belén, que es realmente lo importante, cómo y qué ha de ser un hombre. Por eso, Dios, es quien realmente dignifica al hombre, creer en Dios es profundamente humanizador.

Los hombres podremos tener unas ideas filosóficas, cientifistas, políticas… podemos tener muchas ideas y serán eso "ideas", "propuestas". Dios es el que se "arromanga", el que desde la evidencia nos demuestra la auténtica dimensión del ser humano: hijos de Dios.

Nosotros somos torpes, arrogantes, queremos sobresalir y Dios se hace pequeño. Anhelaríamos nacer en las mejores cunas y Dios se va a los arrabales de una pequeña ciudad y nace en un establo, en medio de paja e inmundicia. Quisiéramos los mejores padres, los que tuvieran mejores cuentas en los bancos, las mejores posesiones, aquellos que pudieran procurarnos un buen porvenir, una buena carrera; y no, Dios escoge a un pobre artesano, a una humilde doncella, de un pueblo perdido, como diríamos hoy unos "don-nadies". ¡Está loco Dios! Sí, su locura somos los hombres. "Tanto amó Dios al mundo… que nos entregó a su Hijo".

¿A qué aspiramos nosotros en la vida? ¿A dominar? ¿A sobresalir? ¿A ser más que nadie? ¿A qué nos reconozcan nuestros méritos? ¿los más guapos? ¿los más listos? ¿los que más tienen? ¿los más de los más?

Pues nada de eso le vale a Dios. Dios se esconde y sólo los que lo buscan, los pastores que merodean por el lugar, unos extranjeros venidos de Oriente, una vecina, alguien que pasa… esos son los que lo reconocen, eso son quien vienen a verlo, esos son los que en la sencillez, la humildad, la ternura de la escena … se arrodillan y, ante aquella estampa de miseria, sienten compasión, y reconocen en ello la presencia de Dios.

Alguien ha escrito que oímos muy bien la tormenta que estalla sobre nuestras cabezas; que, afinando un poco el oído, logramos oír la lluvia que cae; pero que nadie logra escuchar el descenso de la nevada.

Así ocurre también nuestro mundo espiritual. Percibimos perfectamente el dolor que es como una tormenta que estalla dentro de nosotros; si prestamos atención percibimos el paso del tiempo que nos va envejeciendo y que es como la lluvia que cae sobre nosotros. Pero nadie percibe la misericordia de Dios que cae incesantemente sobre el mundo como una nevada. Los hombres sufrimos por mil cosas sin importancia, y ni nos enteramos de que Dios nos está amando a todas horas.

Pues bien, la Navidad, esta Nochebuena, es como el tiempo en el que esa misericordia de Dios se re-duplica sobre el mundo y sobre nuestras cabezas. Es como si, al darnos a su Hijo, nos amase el doble que de ordinario.

Durante estos días de Navidad, todos los que tienen los ojos bien abiertos se vuelven más niños porque es como si fuesen redobladamente hijos, y como si Dios fuera en estos días, el doble de Padre (Padre nuestro y Padre del Hijo que nos ha dado).

Pero ¿cuántos se dan cuenta de ello? ¿Cuántos están distraídos con las fiestas familiares, las juergas, las celebraciones… que en estos días no se acuerdan de su mundo interior?

Por eso yo quisiera en esta noche, invitaros a abrir vuestras ventanas y vuestros ojos, y descubrir la maravilla de que Dios nos ama tanto que se vuelve uno de nosotros.

Dios viene a nosotros hecho carne, hecho pobreza, convertido en un bebé como los nuestros, salvarnos, a devolvernos la alegría, a darnos nuevas razones para vivir y para esperar.

Viene para todos, viene para el pueblo, para los más humildes, para cuantos quieran abrirle el corazón. Viene en el más humilde y sencillo de la tierra, en aquél donde menos se le podía esperar. Y sólo por una razón: porque nos ama, porque quiere estar con nosotros. Y los resultados de su venida serán los que nosotros queramos. Pasará a nuestro lado si no sabemos verle pero, también, crecerá dentro de nosotros si le acogemos, si imitándolo le hacemos norma de nuestra vida.

Dejemos, hermanos, que esta noche santa hemos venido a rendir reconocimiento al Niño que nace, dejemos que descubramos que no hay mayor gozo que el de sabernos amados, queridos hasta el extremo; y que ese Alguien que nos ama no es ni más ni menos que el mismo Dios, autor de vida y Señor de la Historia.

Feliz Noche de Navidad. Ahora ya todos podemos cantar y exclamar en el corazón el himno que entonaban los ángeles en esta santa y misericordiosa noche: ¡Gloria a Dios en el cielo, pero … paz, alegría, dicha a los hombres buenos que reconocen a Dios!

Que así sea.

  • primera lectura: Lectura del libro de Isaias 9, 1-3.5-6

     

    El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierras de sombra, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repetirse el botín. Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada en sangre, serán combustible, pasto del fuego. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madían. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz. Para dilatar el principado con una paz sin limites, sobre el Trono de David y sobre su Reino. Para sostenerlo y consolarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor lo realizará.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 95

    R.- HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: EL MESÍAS, EL SEÑOR

     

    Cantad al Señor un cántico nuevo,

    cantad al Señor, toda la tierra;

    cantad al Señor, bendecid su nombre. R.-

     

    Proclamad día tras día su victoria,

    contad a los pueblos su gloria,

    sus maravillas a todas las naciones R.-

     

    Alégrese el cielo, goce la tierra,

    retumbe el mar y cuanto lo llena;

    vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,

    aclamen los árboles del bosque. R.-

     

    Delante del Señor que ya llega,

    ya llega a regir la tierra.

    El juzgará el orbe con justicia

    y a los pueblos con su verdad. R.-

  • segunda lectura: Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a Tito 2, 11-14

     

    Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo. El se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad, y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 1- 14

     

    En aquel tiempo salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

    Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo:

    --No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

    De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

    --Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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