Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

No permitas jamás que la soberbia domine en tu corazón o en tus palabras; porque de ella tomó principio toda especie de perdición.
(Tobías IV , 14)

Homilías

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Homilia IV Domingo de Pascua

En la tradición de la Iglesia, este cuarto domingo de Pascua, es el denominado domingo del “Buen Pastor”. Cristo, el Señor, es el buen pastor. Ése al que debemos asemejarnos, ése fuera del cual no existe salvación, el que manifiesta la eterna misericordia de Dios, ése es el buen pastor.

El buen pastor que da la vida por sus ovejas. El buen pastor que reconoce a sus ovejas y sus ovejas le reconocen a Él. El buen pastor que cuando ve venir al lobo defiende a sus ovejas.
Se nos presenta esta imagen del buen pastor, tan querida para las primeras comunidades que sufrían persecución, en este tiempo de la Pascua. En un tiempo en el que seguimos atónitos y deslumbrados, por los fulgores de la Resurrección de Cristo. El cual, antes de su resurrección ya nos dejó muchas pistas para que pensáramos qué significaba ser cristianos o discípulos suyos.

No podemos quedarnos exclusivamente en el ser buenos, en trabajar o preocuparnos por un mundo mejor, en compartir algo de lo nuestro; eso lo puede realizar incluso cualquiera que no sea creyente. Decía, no podemos quedarnos simplemente en eso para afirmar que nuestra vida cristiana ya es “como Dios manda”. Hay que ir más allá.
El Buen Pastor, Jesús, espera nuestra total adhesión hacia Él. Lo cual implica el dejarnos guiar, seducir y regir por su cayado y por su voluntad. Y, ¿cómo?. Si le seguimos, como tres huellas, del Buen Pastor, nos pueden ayudar a no alejarnos de Él.

La Palabra que nos ilumina. Nos anima en tiempos de dificultades. Nos rescata de atolladeros en los que, por diversas circunstancias, nos hemos metido. La Palabra del Buen Pastor es siempre segura, certera, sabrosa. No escucharla nos lleva, en la mayoría de los casos, a un desconocimiento total de la personalidad y de la misión de Jesús.

La Oración. Con la oración, el Buen Pastor, se relaciona personalmente con cada uno de los miembros de su rebaño. Con la oración, Jesús, nos señala la vía que hemos de escoger para no perdernos en las noches oscuras de la vida. Con la oración sentimos la necesidad de entrar en diálogo con Aquel que nos ama, que nos comprende y que nos quiere tal y como somos; que nos conoce por nuestro nombre sin necesidad de exhibir nuestro DNI, y nos conoce en lo más íntimo y escondido de nosotros mismos.

La tercera huella para su seguimiento es la Eucaristía; sin ella, los amigos de Cristo, nos debilitamos. El cristiano que no vive ni participa de la eucaristía corre un riesgo: se deja ordenar por lo dictados del mundo. Se alimenta exclusivamente por otros alimentos perecederos que la sociedad ofrece, para embellecer el cuerpo o agradar el paladar, pero en detrimento de la belleza del espíritu o del alma.
En un tiempo en el que escasean tanto los líderes, necesitamos de Alguien que presida y motive nuestra existencia. Que nos reconozca con nuestro propio nombre y apellidos. Que nos trate con cierta dignidad y delicadeza. Como Jesús nada ni nadie.

Será difícil alcanzar la meta que Jesús nos propone. Será ardua la tarea de que, los pastores que dirigen la Iglesia, sean tal y como Jesús se nos mostró. Pero siempre nos quedará el empeño de no abandonar cuando “tantos lobos” intentan apagar la voz de la verdad de Dios y, otras veces, arremeter contra los pastores que –con pecados y virtudes- intentan orientar la vida de nuestras comunidades cristianas.

“Sé de quién me he fiado” con este lema celebramos, también este domingo, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. “Sé de quién me he fiado” es una conocida frase de san Pablo. Dios nos ha dado muestras más que suficientes para fiarnos de Él. A través de Jesucristo nos ha mostrado la vocación última a la que nos llama: ser hijos suyos, como nos recuerda la segunda lectura.

El Papa nos invita en el mensaje que envía a la Iglesia con motivo de esta jornada de oración a orar incesantemente al Señor, el dueño de la mies, para que suscite vocaciones en su Iglesia. Nos pide que oremos, confiando en Dios que tiene la iniciativa en toda llamada vocacional, en todos los ámbitos y espacios eclesiales, en las familias y en las parroquias, en los movimientos y grupos apostólicos, en las comunidades religiosas, en las diócesis. Nos pide especialmente que oremos por las vocaciones sacerdotales y religiosas. En este particular momento, la Iglesia necesita hombres y mujeres que, con generosidad y confianza, entreguen su vida a Dios y a sus hermanos.

Demos gracias al Señor, en este Domingo IV de Pascua, porque sigue encabezando nuestro peregrinar por esta tierra e, incluso, dando la vida por cada uno de nosotros. Y, pidámosle, en este Día del Buen Pastor, con nuestra oración que suscite nuevas vocaciones.

Que así sea.

  • primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4, 8 - 12

    En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo:

    -- Jefes del pueblo y senadores, escuchadme: porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar que poder ha curado a ese hombre. Pues quede bien claro, a vosotros y a todo Israel, que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar y, bajo el cielo. no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 117

    R.- LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS ARQUITECTOS, ES AHORA LA PIEDRA ANGULAR.

     

    Dar gracias al Señor porque es bueno,

    porque es eterna su misericordia.

    Mejor es refugiarse en el Señor,

    que fiarse de los jefes. R.-

     

    Te doy gracias porque me escuchaste

    y fuiste mi salvación,

    La piedra que desecharon los arquitectos.

    es ahora la piedra angular.

    Es el Señor quien lo ha hecho,

    ha sido un milagro patente. R.-

     

    Bendito el que viene en nombre del Señor,

    os bendecimos desde la casa del Señor.

    Tú eres mi Dios, te doy gracias.

    Dios mío, yo te ensalzo.

    Dad gracias al Señor porque es bueno,

    porque es eterna su misericordia. R.-

  • segunda lectura: Primera Carta del Apóstol San Juan 3, 1 - 2

    Queridos hermanos:

    Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él. Queridos: ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Juan 10, 11 - 18

    En aquel tiempo dijo Jesús:

    -- Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y los dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido de mi Padre.

    Palabra del Señor

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