Acabamos de oír el Evangelio: “¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón?”.
Quizás todos deberíamos preguntarnos: ¿qué clase de fe tenemos?
Hermanos, la Fe no es la aceptación de un ideario, de una serie de normas o de verdades incontestable. Fe no es sólo admitir el Credo de la Iglesia… Si os habéis dado cuenta el Señor, Jesús, habla de ser “tardos de corazón”, de “dureza de corazón”. No se queja de que los discípulos no sepan. Se queja de que no tienen implicado el corazón.
Fe es seguimiento de una persona, es adhesión al Señor, es confiar plenamente en Él, es estar dispuestos a darlo todo por Él, es un enamoramiento, es algo que nos empuja al Señor. Ser cristiano, esto es, seguir a Cristo, su persona, su forma de vivir y de ver la vida. Su mensaje: el Evangelio.
Mirad, el paracaidista puede saber de memoria toda la teoría de la aerodinámica y estar muy seguro de su paracaídas, pero al final, en el momento decisivo, tiene que cerrar los ojos y tirarse al vacío.
Fe es tirarse al vacío. Tirarse al vacío en la plena confianza de que allí esta el Señor para recibirnos en sus fuertes brazos.
Tenemos una fe congelada como son la mayoría de nuestros alimentos. Y necesitamos templarnos para ser comestibles. Atemperarnos en la presencia del Señor imitándole en todo.
Sí, hermanos, hemos de poner nuestra fe y nuestra vida en el microondas y volver a ser cristianos convencidos e implicados. Nuestro corazón ha perdido la frescura de una religión joven y entusiasta.
Nos falta fe de corazón, que no necesita razones, como no necesitamos razones para amar a una a la que queremos. Necesitamos la cercanía del Señor Jesús y esa la tenemos en la Eucaristía, en la oración. Esa debe de ser nuestra petición de hoy que el Señor resucitado esté cerca de nosotros, que descongelemos nuestra fe y seamos testigos fieles de Cristo Resucitado.
Que así sea.
En aquellos días, Pedro dijo a la gente:
-- El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis ante Pilato, cuando había declarado soltarlo. Rechazasteis al santo, al justo y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos. Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas: que su Mesías tenía que padecer. Por tanto arrepentíos y convertíos para que se borren vuestros pecados.
Palabra de Dios
R.- HAZ BRILLAR SOBRE NOSOTROS EL RESPLANDOR DE TU ROSTRO
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío,
tu que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mi y escucha mi oración. R.-
Hay muchos que dicen:
"¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?". R.-
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo Señor, me haces vivir tranquilo. R.-
Hijos míos:
Os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: "Yo le conozco" y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra, ciertamente en él el amor de Dios ha llegado a su plenitud. En esto conocemos que estamos en El.
Palabra de Dios
En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y como reconocieron a Jesús en el partir el pan. Mientras hablaba; se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo:
-- Paz a vosotros.
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo:
--¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
--¿Tenéis ahí algo que comer?
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. El lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
--Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
--Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.
Palabra del Señor
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