Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro"
San Pablo (Rm. 8, 39)

Homilías

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Homilia II Domingo de Pascua

A solo ocho días de haber celebrado la Resurrección del Señor, en la fiesta que alcanza la cumbre de nuestra fe de cristianos, las tres lecturas de la misa de hoy nos presentan hechos y acontecimientos vividos por la primera comunidad de la Iglesia, inmediatamente después de la Resurrección de Jesús de entre los muertos. Y esto es así, porque la celebración pascual es tan importante, que no se limita a las ceremonias del Domingo pasado, sino que se extiende a estos cincuenta días del tiempo pascual, que comienzan el Domingo de Pascua, y van hasta la solemnidad de Pentecostés en que celebramos la venida del Espíritu Santo.

En la primera lectura, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles se nos muestra la forma en que vivieron los primeros cristianos, y ella debe ser una enseñanza para nosotros, cristianos de principios del siglo XXI que nos hemos olvidado la solidaridad y el amor que debe existir entre nosotros. Dice San Lucas en este pasaje, que era la forma de alabar a Dios y de tratar a sus hermanos, lo que les permitía a los primeros discípulos ganarse la simpatía de todo el pueblo.

En nuestras tareas de apostolado, lo primero que cuenta siempre es nuestra oración y nuestro comportamiento, que las hace eficaces.

Y en la segunda lectura, en la Carta del Apóstol San Pedro, el apóstol nos dice que la alegría de la Resurrección supera las contrariedades y vence todas las pruebas, porque el Señor nos dio una vida nueva y una esperanza viva.

Y esta vida nueva y esta esperanza viva es la que tenemos que transmitir a nuestros hermanos especialmente durante este tiempo pascual.

Y el Evangelio de San Juan nos presenta la fe de Tomás que tantas enseñanzas nos deja, porque nuestra fe a veces se parece a la de Tomás.

Jesús resucitado se reúne con sus apóstoles cuando estaban todavía reunidos. Pero Tomás no estaba con ellos y no creyó. Tomás pensaba que el Señor estaba muerto. Los demás le aseguraban que vive, que ellos mismos lo han visto y oído, que han estado con El.

La actitud de los apóstoles, como testigos del Señor, es una enseñanza para nosotros. Nuestra fe en Cristo resucitado nos impulsa a pregonar nosotros también que el Señor hoy vive. Para mucha gente es como si Cristo estuviera muerto, porque apenas significa algo para ellos. Casi no cuenta en sus vidas. Y esta gente necesita recibir la buena noticia de la resurrección del Señor. Nos toca a nosotros dar el mismo testimonio que le dieron los apóstoles a Tomás.

Cumpliendo con la exigencia de la fe, que es darla a conocer con el ejemplo y la palabra, estamos edificando la Iglesia, como lo hicieron aquellos cristianos a los que se refiere la primera lectura, que alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo.

Las primeras dudas de Tomás desaparecen cuando el Señor lo invita a “poner su dedo y meter su mano en el costado” del Señor. La respuesta de Tomás es un acto de fe, de adoración y de entrega sin límites, cuando exclama: ¡Señor mío y Dios mío!.

Estas dudas originales de Tomás sirvieron para confirmar en la fe a muchos que después creyeron en el Señor. Si nuestra fe es firme, también, esta fe servirá para que la fe de muchos otros se apoyen en ella. Es preciso que nuestra fe en Jesucristo vaya creciendo día tras día.

Pero, a veces, también nosotros nos encontramos faltos de fe como el apóstol Tomás. Tenemos necesidad de más confianza en el Señor ante las dificultades y ante acontecimientos que no sabemos interpretar desde el punto de vista de la fe, en momentos de oscuridad que Dios permite.

La virtud de la fe es la que nos da la verdadera dimensión de los acontecimientos y la que nos permite juzgar rectamente todas las cosas.

Hoy, son todavía muchos los que no creen o “descreen” porque no vienen a participar de la mesa de la mesa del Señor. Incluso nosotros mismos, en diversas circunstancias de la vida (enfermedad, falta de trabajo, la muerte de un familiar, etc.) manifestamos “flojera” de fe. Necesitamos como Tomás, venir y tocar, comer del Cuerpo y la Sangre de Cristo, escucharlo. Si quizás hoy muchos han perdido la fe, o nunca la han tenido, es porque no se acercan a vivir la presencia de Cristo en medio de la comunidad, como los primeros cristianos. Y también, porque nosotros, con nuestro testimonio no somos capaces de transmitir lo que aquí vivimos y celebramos: que Cristo por amor se entregó, sufrió y murió, y al tercer día resucitó y está vivo en medio de nosotros. Si no amamos, si no nos comprometemos, no mostramos el verdadero rostro de Jesús, y por ello, muchos no llegarán a conocerle, incluso nosotros flaquearemos.

Reflexionemos sobre el evangelio de la misa de hoy. Pongamos de nuevo los ojos en Jesús que de a ratos tiene la necesidad de decirnos como a Tomás, mete aquí tu dedo y pon tu mano en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. No seas pusilánime sino comprometido. Toca, mete tu mano en el costado de Cristo. Únete a Él, sé como Él. Da testimonio de la verdad.

Y como el apóstol, saldrá de nosotros la misma oración: Señor mío y Dios mío.

  • primera lectura: Hechos de los Apóstoles 4, 32 - 35

    En el grupo de los creyentes, todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenían. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor.

    Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego, se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 117

    R.- DAD GRACIAS AL SEÑOR PORQUE ES BUENO, PORQUE ES ETERNA SU MISERICORDIA. (o, Aleluya)

     

    Diga la casa de Israel:

    eterna es su misericordia.

    Diga la casa de Aarón:

    eterna es su misericordia.

    Digan los fieles del Señor:

    eterna es su misericordia. R.-

     

    La diestra del señor es poderosa,

    la diestra del Señor es excelsa.

    No he de morir, viviré

    para contar las hazañas del Señor.

    Me castigo, me castigo el Señor,

    pero no me entregó a la muerte. R.-

     

    La piedra que desecharon los arquitectos,

    es ahora la piedra angular.

    Es el señor quien lo ha hecho,

    ha sido un milagro patente.

    Este es el día que actuó el Señor:

    sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.-

  • segunda lectura: Primera Carta del Apóstol San Juan 5, 1 - 6

    Queridos hermanos:

    Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Aquel que da el ser, ama también al que ha nacido de Él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

    Pues en esto consiste el amor a Dios: que guardamos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.

    Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No solo con agua, sino con agua y con sangre: y el Espíritu es quien da testimonio, porque el espíritu es la verdad.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Juan 20, 19 - 31

    Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

    --Paz a vosotros.

    Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

    --Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

    Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

    --Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

    Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

    --Hemos visto al Señor.

    Pero él les contestó:

    -- Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

    A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

    --Paz a vosotros.

    Luego dijo a Tomás:

    --Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

    Contestó Tomás:

    --¡Señor mío y Dios mío!

    Jesús le dijo:

    --¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

    Muchos otros signos que no están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

    Palabra del Señor

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