"Vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo" hemos escuchado en el Evangelio. Celebramos hoy la fiesta de San Roque. De alguna manera, él hizo realidad en su vida esta cita del Evangelio. Con este deseo de seguir en la pobreza a Jesús y también de enseñar la fe cristiana, inició su peregrinación a Roma.
Al contemplar la vida de San Roque y meditar en la Palabra de Dios que hemos escuchado me gustaría que nos detuviéramos brevemente en dos detalles.
En primer lugar, San Roque fue un peregrino. Peregrino es aquel que camina en búsqueda de algo, aquel que se ha marcado un objetivo, aquel que recorre un camino. Todos nosotros para conseguir algo tenemos que poner los medios necesarios y ponernos en camino. Pero todo camino no está exento de piedras, es decir, de dificultades, de contratiempos. San Roque vendió todo lo que tenia y se puso en camino confiando solamente en la fuerza de Dios. También él tuvo dificultades, también él tuvo contratiempos. Si éstos a nosotros nos vienen no es porqué sí sino porque Dios sabe que nosotros somos capaces de superarlos.
En segundo lugar, San Roque en su peregrinar hacia Roma se puso a servir a todas aquellas personas que estaban infectadas de la peste, logrando curaciones admirables e inexplicables. Hoy en día sigue existiendo la peste de la piel. Pero es peor la peste entendida como la enfermedad espiritual que daña a los seres humanos. ¡Cuantas pestes abundan entre nosotros y que debemos erradicar! La falta de convivencia, la falta de dialogo, la desunión, las criticas, los odios, los rencores, los maltratos, las envidias, ... todo fruto de la falta de caridad y amor al prójimo. Pues miremos hoy a San Roque que lucho contra el mal y se puso al servicio de los demás.
Pidámosle hoy al Señor, por intercesión de San Roque, que nos ayude a saber caminar superando las dificultades y que luchemos contra todo aquello que degrada y destruye la convivencia humana y la convivencia social.
El ángel, tomándolos aparte a Tobías y a su familia les dijo: Bendigan a Dios, denle gracias y proclamen su grandeza ante todos los vivientes por lo que hizo a favor de ustedes. Conviene bendecir a Dios, celebrar su Nombre y revelar sus obras. No demoren en darle gracias, ya que es bueno guardar el secreto del rey, pero conviene descubrir y alabar las obras de Dios. Practiquen el bien, porque así nunca los alcanzará el mal.
Es buena la oración con ayuno, limosna y justicia. Es mejor tener poco con honradez que mucho con injusticia. Es mejor dar al pobre que amontonar tesoros. Ya que la limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado.
Los que dan limosna tendrán larga vida. Los pecadores y los injustos se dañan a sí mismos.
Les voy a decir toda la verdad, sin ocultarles nada. Ya les manifesté que es bueno mantener oculto el secreto del rey y que también es bueno publicar las obras gloriosas de Dios. Sepan entonces que cuando tú y Sara rezaban, yo presentaba tus oraciones al Señor. Cuando enterrabas a los muertos, yo estaba junto a ti. Cuando te levantabas de la mesa para dar sepultura a los muertos, esto no se me pasó por alto, sino que estaba contigo. Precisamente porque eras grato a los ojos de Dios, fue necesario que la tentación te pusiera a prueba.
PALABRA DE DIOS.
R. BENDICE, ALMA MÍA, AL SEÑOR
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos,
para los que guardan la alianza.
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida, porque amamos a nuestros hermanos.
El que no ama permanece en la muerte.El que odia a su hermano es un homicida, y ustedes saben que ningún homicida posee la Vida eterna.
En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.
Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?
PALABRA DE DIOS
Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad.
En aquel tiempo, cuando Jesús se ponía ya en camino, se le acercó corriendo un hombre y arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» El, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.» Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.
PALABRA DEL SEÑOR
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