Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Por esto, queridos hermanos, manteneos firmes, inconmovibles, trabajando más y más en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestro trabajo"
San Pablo (1 Cor. 15, 57)

Homilías

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Homilia Domingo XXX del Tiempo Ordinario

El fragmento del Evangelio, que la Liturgia nos señala para este domingo XXX del Tiempo Ordinario, y que acabamos de leer, la curación del ciego Bartimeo, es un pasaje lleno de imágenes que se nos invita a reflexionar y que nos presenta todo un proceso de lo que puede ser la fe en una persona concreta, en ti y en mí.

La situación inicial del ciego está expresada con esta frase: "Sentado, al borde del camino, pidiendo limosna".

Nos indica una situación de marginación y exclusión, y cierta pasividad. Lo único especial es que el ciego conoce su situación y quiere salir de ella, por lo que suplica: "Hijo de David, ten compasión de mí".

Esta situación inicial del ciego quizá no tiene en nosotros un correlativo exacto, pues nosotros hemos conocido de siempre a Dios. Pero quiere expresar que el ser humano, sin Dios, es un ser que está al margen de la vida auténtica, al borde del camino de la vida.

Planteada esta situación inicial, conocida la realidad de nuestro mundo, viene otro momento importante del proceso de la fe: los intermediarios. Normalmente todos debemos nuestra fe al ejemplo de alguna persona, a la educación de alguien...

En el pasaje del evangelio los intermediarios entre Jesús y el ciego tienen una doble actitud. Por un lado, le regañaban para que no molestase a Jesús; por otro lado, le dicen: "Ánimo, levántate que te llama". Todos nosotros podemos ser intermediarios en el proceso de la fe de quienes tenemos a nuestro alrededor. Y podemos, o ser un obstáculo, o ser una ayuda. Ahí queda esa llamada de atención para que no seamos un impedimento para nadie en su fe.

Algo importante a tener en cuenta en esa nuestra misión es que el papel del intermediario es mediar y desaparecer, porque después viene lo que es realmente importante en el proceso de la fe: la relación personal con Jesús.

Hay un cambio de actitud del ciego cuando llega el momento culminante del pasaje: da un salto, deja el manto y se acerca a Jesús. "¿Qué quieres que haga por ti? Maestro que pueda ver. Tu fe te ha curado".

Lo importante es que el ciego y Jesús tienen un encuentro personal. Un encuentro en el que el ciego expresa lo que desea y Jesús le libera del mal que le aflige.

En el proceso de la fe, lo decisivo es el encuentro personal con Jesús. Todos podemos ser cristianos sociológicos, cristianos por la fuerza de la costumbre o ciertas tradiciones y, como muchos, no experimentar esa relación personal con Dios en la oración y la práctica de los sacramentos. Es lo que en el lenguaje cotidiano llamamos "católico pero no practicante". Sin embargo, la curación del ciego Bartimeo, si algo es clave en esta liberación que el ciego experimenta es la relación con Dios, con Jesús.

Después del encuentro, viene el seguimiento: "Y lo seguía por el camino". Si uno de verdad se ha encontrado con Dios, su vida se transforma; comienza a seguir a Jesús; es decir a identificarse con su mensaje, con sus valores, con su modo de entender la vida y su modo de vivirla. ¡Cuántos cristianos, bautizados, no han llegado a este nivel en le proceso de su fe!

El ciego ya no está al borde del camino, está en el camino, en el camino de la vida. También así nosotros, si experimentamos de verdad ese encuentro con Dios.

Podríamos resumir diciendo que el seguimiento de Jesús tiene un proceso, y que un momento importante de este proceso es la relación personal con Jesús, en la que uno tiene que experimentar cómo Dios le cura de sus pecados, de su ceguera, le libera…

El hecho de la curación del ciego, no sólo nos muestra un proceso en la fe de una persona, sino que manifiesta que el mal del que Jesús le quiere curar quizá no sea la ceguera, físicamente hablando, sino la ceguera espiritual.

No hay mayor ceguera que la obcecación, la cerrazón, la cabezonería, en lo que uno piensa acerca de Dios y de los demás. También nosotros podemos estar ciegos en este sentido. Nuestro modo de concebir a Dios, a la Iglesia, puede ser un obstáculo para descubrir la novedad del mensaje del Evangelio. Por eso hacemos nuestra la petición del ciego: "Maestro, que pueda ver".

Que seamos conscientes de que nuestra fe tiene un proceso, unas etapas y que lleguemos al final de ese proceso, al seguimiento e imitación de Jesús. Entre otras cosas porque, nuestros ojos, llevan gafas que distorsionan la realidad: nos hacen consentir malo como bueno; el aborto como derecho; la eutanasia como un gran logro o mil experimentos científicos como signo de los nuevos tiempos.

Que encontremos la presencia de Dios en nuestras vidas que nos cura de todas nuestras cegueras y que, por su relación y la misión que nos encomienda andemos felices con el seguimiento, por el camino de la vida, de quien es luz y guía de nuestra fe.

Que así sea.

  • primera lectura: Jeremias 31, 7 - 9

    Así dice el Señor:

    -- Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos, proclamad, alabad y decid: el Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del Norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel. Efraín será mi primogénito.

    Palabra de Dios.

  • salmo responsorial: Salmo 125

    R.- EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS, Y ESTAMOS ALEGRES.

    Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

    nos parecía soñar:

    La boca se llenaba de risas,

    la lengua de cantares. R.-

     

    Hasta los gentiles decían:

    “El Señor ha estado grande con ellos”.

    El Señor ha estado grande con nosotros,

    Y estamos alegres.

    Que el Señor cambie nuestra suerte,

    como los torrentes del Nagueb.

    Los que sembraban con lágrimas,

    cosechan entre cantares. R.-

     

    Al ir, iba llorando,

    llevando la semilla.

    Al volver, vuelve cantando,

    trayendo sus gavillas. R.-

  • segunda lectura: Carta a los Hebreos 5, 1 - 6

    Hermanos:

    Todo Sumo Sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón.

    Tampoco Cristo se confirió a si mismo la dignidad de Sumo Sacerdote: sino Aquel que le dijo:

    -- Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.

    O como dice otro pasaje de la escritura:

    -- Tú eres Sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

     

    Palabra de Dios

  • evangelio: Marcos 10, 46 - 52

    En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

    --Hijo de David, ten compasión de mí.

    Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:

    --Hijo de David, ten compasión de mí.

    Jesús se detuvo y dijo:

    -- Llamadlo.

    Llamaron al ciego diciéndole:

    -- Ánimo, levántate, que te llama.

    Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo:

    -- ¿Qué quieres que haga por ti?

    El ciego le contestó:

    -- Maestro que pueda ver.

    Jesús le dijo:

    -- Anda, tu fe te ha curado.

    Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

     

    Palabra del Señor

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