La palabra de Dios discierne nuestro corazón, penetra hasta lo profundo como espada de doble filo, llega a los deseos y las intenciones del corazón humano.
Cualquier persona que se acerque a la Palabra de Dios va a encontrar algo que le resulte interesante para su vida. Tenemos que descubrir la necesidad de confrontar nuestra vida con la Palabra de Dios, ella nos puede hacer aclarar nuestra vida, discernir nuestras intenciones, ayudarnos a crecer. La Palabra de Dios que leemos en la Eucaristía siempre tiene un mensaje interesante para el ser humano.
En concreto hoy, —esta Palabra de Dios que hemos escuchado—, quiere discernir en nosotros qué es lo que realmente nos resulta primordial en nuestra vida.
Está bien que recordemos, para ver el tema de hoy, el primer mandamiento: "Amarás a Dios sobre todas las cosas"
¿Qué es lo más importante? ¿La salud? ¿El dinero? ¿El amor? ¿La belleza?... Cada uno de nosotros tenemos una escala de valores. Tendríamos que descubrir que lo más importante de nuestra vida.
La primera lectura de libro de la Sabiduría nos pone el ejemplo de Salomón que, antes que la belleza, la riqueza o la salud, prefirió la Sabiduría (entendida no como inteligencia, sino como hacer la voluntad de Dios) para poder gobernar a su pueblo. Sí, hermanos, tendríamos que preferir a Dios por encima de todo y, por eso, tendríamos que amar su voluntad. Es lo que realmente nos puede hacer felices.
El texto del Evangelio nos presenta otro caso diferente y con otra conclusión: el encuentro de Jesús con el joven rico. Este encuentro es, quizás, uno de los más estrepitosos fracasos que tuvo Jesús a lo largo de su predicación.
Un joven que lo tenía todo, pero que sentía que le faltaba lo fundamental, un joven inquieto, bueno porque cumple con la ley, un joven de los que ahora diríamos, un buen tío, legal...
Jesús le miró con cariño, quizás soñó con el buen discípulo que hubiera sido este joven si... Pero la riqueza le ganó la partida al Señor, y el joven se fue triste... Pero entonces, ¿quién podrá salvarse?, le dicen los discípulos.
El dinero tiene el poder de sustituir a Dios en el corazón, porque los seres humanos pensamos que los problemas más radicales de la vida, esos agujeros negros del corazón, como son la inseguridad ante el futuro, el desamor, la soledad..., tienen su solución en la acumulación de bienes. Pensamos que si tenemos mucho de todo, adiós problemas. Es la gran mentira con apariencia de gran verdad; en eso radica su atracción.
No se trata aquí de condenar la riqueza que se ha obtenido justamente o injustamente. No es que sea mala la riqueza, los bienes materiales no son malos, sólo que quien está acostumbrado a tenerlo todo, a encontrarlo todo en las riquezas que posee, no se siente necesitado de los demás ni de Dios y se cree autosuficiente.
Hoy el mensaje de Jesús se acerca a nuestro corazón para sopesar las motivaciones profundas de nuestro seguimiento.
Si estás aquí en la Iglesia es por algo. Es porque buscas o porque has encontrado algo de Cristo que se te ofrece. ¿De verdad Dios es significativo para tu vida? ¿De verdad Dios es lo más importante de tu vida, más que la salud, el dinero, el amor o la belleza? Si es así tienes que descubrir que esta vivencia fundamental de la religión, de nuestra fe católica, no es sólo algo interior o íntimo, sino que se tiene que manifestar en la vida, en las celebraciones de los sacramentos y en el compromiso de cada día, en las palabras, en las opciones, en las actitudes, en las obras... Tenemos que compartir, que dar. Caer en la cuenta que esta parroquia es tarea de todos. Que nuestro mayor compromiso es con los que no tienen y que ellos también son nuestros hermanos.
Hermanos, escuchemos la Palabra de Dios, confrontemos nuestra vida con la Palabra de Dios. Que siempre encontremos el arrojo y la decisión de llevarla a la práctica, que estemos dispuestos a dejar todo por seguir a Jesús, sabiendo que nos aguarda una gran recompensa.
Que así sea.
Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de la sabiduría. La preferí a cetros y a tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena y junto a ella la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella, me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.
Palabra de Dios
R.- SÁCIANOS DE TU MISERICORDIA, SEÑOR Y TODA NUESTRA VIDA SERÁ ALEGRÍA
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos. R.-
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo;
danos alegría por los días en que nos afligiste,
por los años que sufrimos desdichas. R.-
Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.-
La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada; todo está patente y descubierto a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuentas.
Palabra de Dios
En aquel tiempo, cuando Jesús salía al camino se le acercó uno corriendo, se arrodillo y le preguntó:
-- Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Jesús le contestó:
-- ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.
Él replicó:
-- Maestro, todo esto lo he cumplido desde pequeño.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo a sus discípulos:
-- Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres --así tendrás un tesoro en el cielo--, y luego sígueme.
A estas palabras él frunció el ceño y se marcho pesaroso porque era muy rico.
Jesús mirando alrededor, dijo:
-- ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:
-- Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.
Ellos se espantaron y comentaban:
-- Entonces, ¿quién puede salvarse?
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
-- Es imposible para los hombres no para Dios. Dios lo puede todo.
Pedro se puso a decirle:
-- Ya ves que nosotros lo hemos dejado y te hemos seguido.
Jesús dijo:
-- Os aseguro, que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más --casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones--, y en la edad futura la vida eterna.
Palabra del Señor
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