Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Homilia Domingo XVII del Tiempo Ordinario

A partir de este domingo y durante los cuatro próximos, la liturgia nos presenta en el Evangelio el llamado “Discurso del Pan de Vida”. Hoy, como introducción a ese discurso, se nos presenta el relato de la multiplicación de los panes.

El pan sacia el hambre de nuestros cuerpos. Es alimento y sustento, algo totalmente necesario para poder vivir en este mundo.

En la primera lectura vemos cómo el profeta Eliseo reparte el pan de las primicias que le habían entregado entre las personas que tenía a su alrededor. Él sabía que no era pan suficiente para saciar el hambre de todos, pero confiaba en la misericordia y el poder del Señor, que así se lo había prometido. El profeta Eliseo hizo lo que tenía que hacer, compartir su pan con los hambrientos, y Dios hizo lo demás. También en el evangelio nos cuenta San Juan que Jesús hizo lo mismo con los cinco panes y los dos peces que tenía el muchacho que se había atrevido a seguirle hasta la montaña.

Como vemos, en los dos casos se trata de una acción de Dios que multiplica milagrosamente el pan que unas personas habían puesto, previa y generosamente, a disposición de los demás. Primero fue la generosidad humana, después fue la bendición multiplicadora de Dios.

Sin la generosidad humana no se hubiera podido realizar la acción divina y muchas personas hubieran quedado hambrientas y desatendidas. En el mundo hay muchas personas que se mueren porque no tienen lo más elemental, los hombres se mueren de hambre y de sed, de frío, por falta de sustento, de lo más elemental para su vida. Mueren por falta de alimentos, de medicinas, de materiales consistentes para la construcción de sus casas.

No podemos acusar a Dios de la injusticia de este mundo nuestro. ¿Qué pasa entonces? Lo que pasa es que no queremos compartir lo que tenemos con los que no tienen.

Dios no puede multiplicar lo que nosotros no compartimos. No imitamos ni al profeta Eliseo, ni al muchacho del evangelio. Y después nos quejamos de Dios, y decimos que ha hecho un mundo en el que, mientras unos viven sobrada y espléndidamente, otros se mueren de escasez y de hambre. Dios ha hecho un mundo, una tierra, en la que, compartiendo lo que la tierra nos da, todos podríamos vivir suficientemente bien, pero hemos sido nosotros los que, con este reparto tan injusto y desigual que hemos establecido, unos no tienen nada y otros demasiado.

Pero el Señor nos invita no solo a compartir el pan material, sino también el Pan de Vida.

Los cristianos estamos llamado a compartir también ese pan de vida. Esta es la misión que Dios nos ha encomendado a todos nosotros, pues a todos nosotros nos ha mandado Dios a este mundo para predicar el evangelio de Jesús de Nazaret. Un cristiano que no se preocupe de predicar el evangelio, es decir, de predicar su fe en Cristo, no vive como cristiano. No necesitamos ir a países lejanos para hacer esto; el evangelio se predica sobre todo con la vida y es allí donde habitualmente vivimos donde primero tenemos la obligación de dar testimonio de nuestra fe.

Sí, predicar el evangelio con la vida, y para eso hay que perdonar, hay que comprender, hay que ayudar…

“Abres tú la mano, Señor, y nos sacias” Pongamos, hermanos, a disposición de Dios nuestros medios y pidámosle para que todos nosotros sepamos compartir aquello que tenemos y para que sepamos hacer llegar a todos aquello que nosotros recibimos: el Pan de la Vida.

Que así sea.

  • primera lectura: Segundo libro de los Reyes 4, 42 - 44

    En aquellos días vino un hombre de Bal-Salisá trayendo en la alforja el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente para el profeta del Señor. Elíseo dijo.

    -- Dáselos a la gente para que coman.

    El criado replicó:

    -- ¿Qué hago con esto para cien personas?

    Elíseo insistió:

    -- Dáselos a la gente para que coman. Porque esto dice el Señor: "Comerán y sobrará."

    El criado se los sirvió a la gente; comieron y sobró, como había dicho el Señor.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 144

    R.- ABRES TÚ LA MANO, SEÑOR, Y NOS SACIAS.

    Que todas las criaturas te den gracias, Señor,

    que te bendigan tus fieles;

    que proclamen la gloria de tu reinado,

    que hablen de tus hazañas. R.-

     

    Los ojos de todos te están aguardando,

    tú les das la comida a su tiempo;

    abres tú la mano,

    y sacias favores a todo viviente. R.-

     

    El Señor es justo en todos sus caminos,

    es bondadoso en todas sus acciones;

    cerca está el Señor de los que lo invocan,

    de los que lo invocan sinceramente. R.-

  • segunda lectura: Carta del Apóstols San Pablo a los Efesios 4, 1 - 6

    Hermanos:

    Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Juan 6, 1 - 15

    En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacia con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca de la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe:

    -- ¿Con qué compraremos panes para que coman estos? (lo decía para tentarlo pues bien sabía él lo que iba a hacer).

    Felipe le contestó:

    -- Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.

    Uno de sus discípulos, Andrés el hermano de Simón Pedro, le dijo:

    -- Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces, pero, ¿qué es esto para tantos?

    Jesús dijo:

    -- Decid a la gente que se siente en el suelo.

    Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron: sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos:

    -- Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

    Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

    La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

    -- Este si que es el Profeta que tenía que venir al mundo.

    Jesús sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo.

    Palabra del Señor

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