El texto del evangelio de este domingo es continuación del que escuchábamos el domingo pasado, cuando marcharon de dos en dos, enviados por el propio Señor a compartir su misión. Ahora los discípulos vuelven, vuelven de realizar la misión y Jesús les invita a descansar.
Este tema es interesante, sobretodo en el tiempo en que nos encontramos. No debemos pensar que descanso y trabajo se contraponen, que son opuestos. El trabajo ciertamente es importante, el trabajo nos permite conseguir los medios de nuestra subsistencia, nos permite colaborar al progreso, al desarrollo y al bienestar social y de la humanidad; el trabajo, según una correcta interpretación bíblica, es participación del ser humano en la actividad creadora de Dios. (Laborem exercens, 4,25).
Por todo esto, el trabajar es uno de los derechos fundamentales de la persona humana; las sociedades modernas han comprendido que uno de sus cometidos irrenunciables, al regular y organizar la convivencia social, es garantizar el trabajo a los todos ciudadanos y ciudadanas en condiciones de realizarlo.
Pero sin embargo, el trabajo no agota el sentido de nuestra existencia, ni pone de manifiesto la dimensión más fundamental y esperanzadora de nuestra vida.
En la vida no todo es trabajar. No estamos creados para trabajar. Es cierto que muchos hombres y mujeres en el mundo de hoy, para sobrevivir, incluso en países civilizados, han de trabajar de sol a sol con dureza y en el horizonte de su vida no se presenta otra alternativa, pero esto no debe confundirnos.
La sociedad actual nos empuja con fuerza hacia el trabajo, la actividad y el rendimiento, y no percibimos hasta qué punto se empobrece la vida cuando todo se reduce a actuar de manera eficiente y a buscar y obtener el máximo rendimiento a nuestra actividad.
Dios no ha pensado que fuera éste el destino del hombre y de la mujer. Esto es resultado de nuestro modo de organizar este mundo y de las grandes injusticias y egoísmos.
La ley fundamental del crecimiento humano no debe ser el trabajo. Más allá de lo útil y lo rentable, la persona, para ser realmente humana, una vez cubiertas sus necesidades vitales, necesita aprender a estar en la vida con una actitud más amplia y rica que la productiva. La vida se transforma y adquiere una dimensión nueva, más profunda cuando acertamos a vivir la experiencia del pensar, de la sensibilidad, de la acogida al otro, de la amistad, del amor.
Y así hemos de aceptar que el descanso no es solo un tiempo para recuperar fuerzas y poder volver después al trabajo. El ser humano no es una “máquina” que necesita una recuperación, sino ante todo necesita encontrarse consigo mismo y redescubrir las raíces mismas que dan sentido a su vida y desarrollar su existencia conforme a lo que de verdad somos.
Hemos de aprender a vivir disfrutando también del descanso, la convivencia tranquila y el contacto con la naturaleza.
Que acertemos a encontrar en nuestro descanso de este verano la oportunidad para vivir más atentos a todo lo que hay de regalo en nuestra existencia, a despertar en nuestro interior el agradecimiento y la alabanza a quien se lo debemos todo.
Que así sea.
¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño --oráculo del Señor--. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: A los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuenta, por la maldad de vuestras acciones --oráculo del Señor--. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países a donde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen: ya no temerán ni se espantarán y ninguna se perderá --oráculo del Señor-- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con ese nombre: "El-Señor-nuestra-justicia"
Palabra de Dios
R.- EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA.
El Señor es mi Pastor, nada me falta:
En verdes praderas me hace recostar.
Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.-
Me guía por sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
Tu vara y tu cayado me sosiegan. R.-
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume
y mi copa rebosa. R.-
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.-
Hermanos:
Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca de los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos, Judíos Y Gentiles, una sola cosa, derribando con su cuerpo el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces para crear, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz; paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.
Palabra de Dios
En aquel tiempo los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que había hecho y enseñado. Él les dijo:
-- Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
Palabra del Señor
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