Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

No permitas jamás que la soberbia domine en tu corazón o en tus palabras; porque de ella tomó principio toda especie de perdición.
(Tobías IV , 14)

Homilías

< Volver

Homilia Domingo XV del Tiempo Ordinario

Las lecturas de este domingo XV del tiempo ordinario son una invitación a sentirnos enviados por Dios a llevar el Evangelio a nuestra vida, a nuestro mundo y a las personas que nos rodean.

La primera lectura nos cuenta la vocación de Amós, cómo Dios le envía a profetizar al pueblo de Israel. Un reino entonces dividido: el reino del norte o de Israel y el del sur o de Judá. Y Dios escoge (como siempre) al más humilde, un pastor y recolector de higos.

Los cristianos, por el sacramento del Bautismo, participamos de la triple misión de Cristo: sacerdotal, profética y real. Somos sacerdotes, es decir, tenemos que entregar nuestra vida a Dios como hizo Jesús. Somos reyes, es decir, tenemos que servir a los demás como lo hizo Jesús. Y somos profetas, es decir, enviados por Dios a anunciar su mensaje a los hombres.

El Evangelio nos dice cómo Jesús envía a los doce apóstoles, a sus escogidos, de dos en dos, sólo con bastón y sandalias, pero desprendidos de todo lo demás, a predicar el Evangelio, la conversión y a curar a los enfermos.

Así, pues, el mensaje principal de este domingo es que Dios envió a los profetas, envió  a su Hijo, Jesús, envió a sus apóstoles, y hoy, nos sigue enviando a nosotros para llevar adelante el mensaje del Evangelio.

Ante esta misión cabe preguntarse: ¿Qué es lo que hay que anunciar? ¿a quién hay que anunciarlo? Y, ¿cómo hay que anunciarlo?

¿Qué anunciar? Vivimos una religiosidad que podríamos denominar “a la carta”, en la que cada uno escoge lo que quiere y cuando quiere, lo que le resulta consolador o lo que favorece su modo de pensar; una religiosidad vestida de cultura y de folklore, donde parece que Dios está secuestrado por los hombres para servir a sus intereses. Pues bien, lo que hay que anunciar es ni más ni menos lo que dijo Jesús: el Reino de Dios. El Reino de Dios es un mundo mejor que tenemos que construir los cristianos aquí en la tierra, desde los valores del Evangelio, y que llegará a su plenitud al fin de los tiempos. Que todo en nuestra sociedad “funcione” desde los criterios del Evangelio. Para ello es necesario anunciar la conversión; es decir, el cambio de mentalidad, hay que abandonar los criterios de este mundo: el poder, el tener, el gozar.

¿A quién anunciar este mensaje? A todos, no hay que dar nada por supuesto. Pero, atención, hay que anunciarlo al mundo, a las personas. Hoy por hoy parece que estamos empeñados en hacer bonitas las celebraciones y las procesiones. Pero el mensaje tiene que llegar al mundo en el que vivimos, a las personas con las que convivimos, a nosotros mismos también. El mensaje tiene que modelar nuestros centros de interés, nuestras opciones, nuestras preocupaciones, nuestras actitudes, nuestras obras, nuestros pensamientos...

¿Cómo anunciar el mensaje? El Evangelio nos dice que sólo tenemos que llevar bastón y sandalias; quizás quiere decir que sólo nos basta con apoyarnos en Dios. Eso es lo importante, lo demás es secundario. Lo importante es que esta evangelización se tiene que hacer con palabras y con obras. No se trata sólo de hablar de Dios, sino que hay que vivir desde Dios, es nuestra vida la que tiene que pregonar qué es lo que creemos. Hoy se necesitan más testigos que maestros.

Dios siempre ha necesitado de las personas para llevar adelante su mensaje. Hoy necesita de nosotros. Si el Evangelio no llega a todos los rincones del ser humano y de todos los seres humanos, quizás sea por responsabilidad nuestra. Es misión de todos, como cristianos, colaborar con Dios.

Estemos, pues, alegres porque el Señor nos ha elegido, porque nos ha destinado, en la persona de Cristo, a ser sus Hijos.

Que así sea.

  • primera lectura: Amós 7, 12 - 15

    En aquellos días dijo Amasías, sacerdote de la Casa-de-Dios, a Amós:

    -- Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en 'Casa-de-Dios', porque es el santuario real, el templo del país.

    Respondió Amós:

    -- No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel."

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 84

    R.- MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA Y DANOS TU SALVACIÓN

    Voy a escuchar lo que dice el Señor:

    "Dios anuncia la paz a su pueblo ya sus amigos."

    La salvación está ya cerca de sus fieles

    y la gloria habitará en nuestra tierra. R.-

     

    La misericordia y la fidelidad se encuentran,

    la justicia y la paz se besan;

    la fidelidad brota de la tierra

    y la justicia mira desde el cielo. R.-

     

    El Señor os dará la lluvia,

    y nuestra tierra dará su fruto.

    La justicia marchará ante él,

    la salvación seguirá sus pasos. R.-

  • segunda lectura: Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 1, 3 - 14

    Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Él nos eligió en la Persona de Cristo --antes de crear el mundo-- para que fuésemos consagrados e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la Persona de Cristo --por pura iniciativa suya-- a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el Misterio de su Voluntad. Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegase el momento culminante; recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

    Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros --que habéis escuchado la Verdad, la extraordinaria noticia de que habéis sido salvados y habéis creído-- habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual, es prenda de nuestra herencia para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Marcos 6, 7 - 13

    En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no, túnica de repuesto. Y añadió:

    -- Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

    Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
Plaza de la iglesia 2 ·

Teléfonos: 96 168 84 21 - 652188596

Mail: j.luis2288@yahoo.es

aviso legal
desarrollado por: tresdoble
Uso de cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra política de cookies. Acepto