Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Homilia Domingo XIX del Tiempo Ordinario

En la Primera Lectura se nos presenta al profeta Elías. A Elías, en concreto, Dios le dio la misión de combatir las idolatrías en que había caído el pueblo al adorar a dioses extranjeros. Y en medio de esa misión está el relato que hoy hemos escuchado. El pobre Elías, está cansado. Se sentía cansado de todo. No tenía ganas más que de dormir. Quería morirse. Huía de la compañía de los hombres. Incapaz de ver lo bueno de las cosas, perseguido por lo malo que le acontecía, por las habladurías e insultos de la gente.

Elías está exhausto y no ve más allá de su propia realidad y ya no se acuerda de las veces que ha tenido a Dios junto a él. En este contexto, Dios viene en su auxilio con un remedio muy casero, que coma bien y duerma bien y la depresión quedará vencida. Elías cobra fuerzas para un camino de cuarenta días.

Ese ánimo también puede ser el nuestro. Tanta actividad, tantos quebraderos de cabeza, tantas preocupaciones,… Necesitamos recuperar fuerzas. Y si eso nos pasa físicamente, ¿cuántas veces no nos habrá pasado espiritualmente? ¿Cuántas veces no habremos tenido esa "depresión" que debilita nuestra fe?.

Hemos sido bautizados, tomado la "Primera Comunión", confirmado, casado, venimos a misa…, pero... estamos débiles, no nos alimentamos suficientemente en la fe. Decimos que somos cristianos, pero no nos alimentamos lo suficiente de Cristo, no transforma lo suficiente nuestra vida; aunque eso sí,... ante las dificultades de la vida, ¿y si Dios nos hiciese un milagrito?...

Hermanos, el Evangelio de este domingo nos lo dice claro: "Yo soy (Jesús es) el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre".

Cuando la fe se debilita empezamos a querer soluciones mágicas, a exigirle a ese Dios por el que tanto hemos hecho. Tal vez, aparece la duda y queremos que un hecho prodigioso, una prueba o una aparición nos confirme las promesas.

Hermanos, eso son los prodigios que Jesús se negó a realizar cuando se los pidieron, como confirmación de la fe. Porque al cristiano le basta creer en el gran prodigio de la resurrección de Jesucristo.

Y Jesús que ve a sus discípulos débiles, dubitativos, con "depresión" (como la de Elías) y que sabe que todos nosotros, a lo largo del camino, vamos a sentarnos muchas veces en la cuneta de la vida, cansados, hartos, tristes, sin saber qué hacer con nuestra vida, les propone una medicación como la de Elías, que comamos su pan, que Él es pan lleno de vitalidad y fuerzas, que es el pan del camino y el camino mismo, que no nos deja morir de hambre o de anorexia espiritual.

Cristo quiere ser alimento porque quiere entrar en nuestro interior. De dentro salen nuestras decisiones, lo bueno y lo malo que hacemos. No es de fuera, sino de dentro. Por ello es necesario tener nuestro interior ordenado, con capacidad de amar, de perdonar, de comprender, de acompañar. Jesús quiere llegar a nuestro corazón, para bombear desde allí, sangre y alimento de vida. Quedarse en nuestros adentros para que le manifestemos exteriormente con nuestras buenas acciones.

Hoy nos ha dicho el Evangelio que "este es el pan para que el hombre coma de él y no muera", "el que coma de este pan tiene vitalidad para siempre". No nos dejemos morir de hambre nosotros mismos cuando nos entra la "depresión" espiritual, comamos, en la seguridad de que ese alimento de Dios al fin será nuestra fuerza en el camino.

Cuando perdamos las fuerzas, descansemos, comamos de Cristo y recobremos la vitalidad.

Que así sea.

  • primera lectura: Libro primero de los Reyes 19, 4 - 8

    En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo:

    -- Basta ya, Señor, quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres.

    Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto un ángel lo tocó y le dijo:

    -- Levántate, come.

    Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en los brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo:

    -- Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas.

    Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte del Señor.

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 33

    R.- GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR.

    Bendigo al Señor en todo momento,

    su alabanza está siempre en mi boca.

    Mi alma se gloría en el Señor:

    que los humildes lo escuchen y se alegren. R.-

     

    Proclamad conmigo la grandeza del señor,

    ensalcemos juntos su nombre.

    Yo consulté al Señor y me respondió,

    me libró de todas mis ansias. R.-

     

    Contempladlo y quedaréis radiantes,

    vuestro rostro no se avergonzará.

    Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

    y lo salva de sus angustias. R.-

     

    El ángel del Señor acampa

    en torno a sus fieles, y los protege.

    Gustad y ved qué bueno es el Señor,

    dichoso el se acoge a él. R.-

  • segunda lectura: Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 4, 30-5, 2

    Hermanos:

    No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonados unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Juan 6, 41 - 51

    En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo", y decían:

    -- ¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?, ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

    Jesús tomó la palabra y les dijo:

    -- No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado." Y yo le resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el escucha que lo dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: este ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que viaja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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