Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

Al principio creó Dios el cielo y la tierra
(Génesis 1,1)

Homilías

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Homilia Domingo XII del Tiempo Ordinario

Después de la cuaresma, la Pascua y otras celebraciones retomamos los domingos ordinarios del año. Vemos a Jesús en un ambiente marinero, Él que había crecido y vivido en Nazaret pero se había instalado junto al mar de Galilea, donde había más movimiento de gentes. Encontramos a Jesús en una barca con sus apóstoles navegando por el mar, camino de la otra orilla del lago.

Es un lago tranquilo. De repente, sin esperarlo, una tempestad hace tambalear la barca y el ánimo de los que van ella. Y es que en la vida siempre hay problemas, dificultades que nos hacen vacilar, huracanes que zarandean nuestra vida y la nave misma que es la Iglesia. Porque en momentos así, como en los sufrimientos de Job a los que hace referencia la Primera Lectura, la muerte de un familiar, la pérdida de un trabajo, la desilusión de una amistad, un desengaño amoroso, una enfermedad incurable, … situaciones en los que nos preguntamos “¿sirve de algo nuestra fe?”, “¿es la fe una solución, un remedio a estos problemas, un consuelo psicológico o un obstáculo que nos impide afrontarlos?” Los problemas y las dificultades nos descolocan e incluso podemos llegar a pensar que nosotros lo haríamos mejor que Dios.

Quizá en la vida hay cosas que no entendemos (el sufrimiento, la muerte, las dificultades o críticas a la Iglesia en su misión...) Nos queda aún mucho camino para entender el mundo como Dios lo entiende y para querer la felicidad que él quiere para los hombres.

Job era un hombre bueno que creía en Dios. Sus amigos le dicen a Dios que cree en Él porque todo le va bien en la vida. Cuántas veces, nosotros mismos, si la vida nos va mal, pensamos que Dios ha dejado de querernos.

Los amigos de Job le dicen a Dios que le “pruebe” con dificultades. La vida de Job se llena de desgracias y sigue confiando en Dios. Llevado por sus sufrimientos es capaz de clamar al cielo e interpelar al mismo Dios en busca de una explicación. El sufrimiento de los inocentes tiene difícil comprensión. La enfermedad de un hombre bueno también. Y Dios, en la lectura que hemos escuchado, le introduce en el misterio de la creación y de Dios mismo, con el símbolo del control sobre el mar, que en las lecturas representa al mal. Dios es más poderoso que el mal.

El sufrimiento está ahí y aquí, en la vida de todas las personas. No nos debe hacer dudar de Dios. La fe no evita problemas, ni los esconde, pero capacita para verlo todo desde otra perspectiva: la de Dios, la de su amor incondicional por la humanidad.

Hermanos, qué las dificultades que la vida nos plantea, a nivel personal y de Iglesia, nos estimulen en nuestra confianza en el Señor. Que nuestra fe nos ayude, nos oriente y nos ilumine en nuestra oscuridad y, sobre todo, haga que aumenten nuestras fuerzas para hacer frente a todas estas adversidades.

La fe, hermanos, nos recuerda algo elemental y esencial que nunca hemos de olvidar: en esa batalla contra el mal no estamos solos, nos acompaña Jesús de Nazaret.

Que en los mares de nuestro mundo actual, Cristo Jesús, acalle la tormenta y nos dirija hacia Él.

  • primera lectura: Job 38,1.8-11

    El Señor habló a Job desde la tormenta:

    --¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas"?

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 106

    R.- DAD GRACIAS AL SEÑOR, PORQUE ES ETERNA SU MISERICORDIA

    Entraron en naves por el mar,

    comerciando por las aguas inmensas.

    Contemplaron las obras de Dios,

    sus maravillas en el océano. R.-

     

    Él habló y levantó un viento tormentoso,

    que alzaba las olas a lo alto;

    subían al cielo, bajaban al abismo,

    el estómago revuelto por el mareo. R.-

     

    Pero gritaron al Señor en su angustia,

    y los arrancó de la tribulación.

    Apaciguó la tormenta en suave brisa,

    y enmudecieron las olas del mar. R.-

     

    Se alegraron de aquella bonanza,

    y él los condujo al ansiado puerto.

    Den gracias al Señor por su misericordia,

    por las maravillas que hace con los hombres. R.

  • segunda lectura: Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 5, 14 - 17

    Hermanos:

    Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie por criterios humanos. Si alguna vez juzgamos a Cristo según tales criterior, ahora ya no. El que vive con Cristo es una creatura nueva. Lo viejo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Marcos 4, 35 - 40

    Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:

    --Vamos a la otra orilla.

    Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciendo:

    --Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

    Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:

    --¡Silencio, cállate!

    El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:

    --¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

    Se quedaron espantados y se decían unos a otros:

    --¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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