Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Por esto, queridos hermanos, manteneos firmes, inconmovibles, trabajando más y más en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestro trabajo"
San Pablo (1 Cor. 15, 57)

Homilías

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Homilia Domingo IV de Adviento

En el pórtico de la Navidad, la liturgia de este domingo nos presenta el cuadro del encuentro de dos mujeres embarazadas: María e Isabel. María mujer que se pone en camino a la casa de su prima para ayudarle en su embarazo, a pesar de estar ella misma embarazada. Isabel que al ver a su prima se desborda de alegría, y María que responde al saludo con el Magníficat, el mejor de los cantos que se ha hecho nunca a Dios.

Son dos mujeres que se abrazan. Dos mujeres que exultan de alegría por las maravillas que el Señor ha hecho con ellas.

Todo este pasaje transmite sencillez, amabilidad,  cercanía... Es, tan cotidiano, que nos lo podemos imaginar muy bien. Y, de ese mismo modo, el Hijo de Dios va a entrar en este mundo. De una manera que nadie podía esperar: humilde, sencilla, calladamente, del modo en que ocurren todas las cosas todos los días; así, en los acontecimientos sencillos; así, en la alegría de dos primas que se abrazan, en la preocupación de una joven por cuidar a su prima más mayor, en el sudor del camino por la montaña, en un pueblo pequeño de Palestina...

Este Evangelio de hoy, es un encuentro. Un encuentro que nos quiere preparar para el gran encuentro con el Señor en la noche de Navidad.

Parece como si el Evangelio nos estuviese mostrando el camino, la pista para encontrar al Hijo de María. Ahí, en el día a día, en los acontecimientos pequeños y sencillos de cada día: en ese saludo del vecino, en esa sonrisa del amigo o de la amiga, en ese alegrarse con el otro, en el compartir las alegrías y tristezas con los demás, en el echar una mano a los primos o a los vecinos, en ese dinero que doy para los pobres..., ahí, por ahí, anda Dios.

La segunda lectura nos refuerza esa idea y nos propone algo que es esencial en la fe: Dios no quiere ni holocaustos, ni víctimas expiatorias, ni sacrificios, ni ofrendas. Dios no quiere tus cosas en tu relación con él, Dios te quiere a ti: "Aquí estoy para hacer tu voluntad". Eso es lo que hizo Cristo; eso es también, lo que hizo María, que se dieron por entero a Dios. Cristo se entregó en la Cruz; María, cuando el ángel le dijo que concebiría y daría a luz un hijo, le dijo "hágase en mí según tu palabra".

Para encontrar a Dios no hace falta que nos vayamos lejos. No hace falta que miremos a los altares, no. Porque Él, Dios, está aquí, en el "día a día" de cada día. Y nosotros unas veces actuaremos como María, llevando a Dios a nuestros familiares y amigos, llevándolo con nuestra palabra y con nuestros deseos de ayudar; otras veces actuaremos como Isabel, abriendo los ojos para reconocer que Dios está viniendo a nosotros en esos gestos sencillos pero llenos de humanidad que se despliegan a nuestro alrededor.

En este cuarto y último domingo del tiempo de adviento se propone a María como modelo de fe y de espera del Señor, igual que ella se preparó para recibir a Jesús, así nos tenemos que preparar nosotros: con fe y con esperanza.

María fue dichosa porque se puso en las manos de Dios. "Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá". Dios es fiel a sus promesas. Ha prometido que de la Virgen, su pequeña sierva, nacerá el Mesías, el Salvador. Será, como dice la profecía del profeta Malaquías en Belén, la ciudad pequeña y humilde, como María.

La fe rompe la frontera de lo individual, de lo íntimo, de lo privado. María corre a comunicar la noticia a su prima Isabel. A veces queremos reducir la fe a un sentimiento interior y privado. Cuando pensamos que la fe es solamente esto, no necesitamos de la Iglesia, ni de los demás, ni de los sacramentos para vivir esa "relación" con Dios. Pero nos engañamos a nosotros mismos. Ninguna relación personal es un sentimiento meramente interior. Toda relación personal que es real, es objetiva, tiene unas manifestaciones externas.

La fe es caritativa. María se va a ayudar a su prima Isabel. Además de expresarse en las celebraciones de los sacramentos, en los que recibimos la gracia de Dios para poder vivir nuestra fe, la fe se expresa en la vida concreta, en las obras que hacemos. También María en esto fue ejemplar, en su situación de embarazo se fue a ayudar a su prima que estaba gestando a Juan el Bautista, porque llevaba más adelantado el embarazo que ella.La Navidad está cerca ya, a un "tiro de piedra" y ya sabemos un poco mejor cuál es el camino de Belén. Que el Señor nazca en nuestro corazón, para que podamos acogerle con la alegría con la que María e Isabel le acogieron y ensalzaron.

Que esta celebración cree en nosotros actitudes y disposiciones que sean manifestaciones de fe: como la confianza, la obediencia, el testimonio de vida para que nos pongamos como María en las manos de Dios, sabiendo que en sus manos, Dios, puede fecundar en nosotros a su Hijo Jesús.

Que así sea.

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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