Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Homilia Domingo III de Adviento

En la Segunda Lectura de este domingo hemos escuchado a san Pablo cómo exhortaba a los filipenses a estar alegres en el Señor. Por dos veces les insiste en que estén alegres en el Señor. Esta insistencia de San Pablo nos suena hoy, en plena crisis económica al menos como fuera de lugar. ¿Cómo vamos a alegrarnos? ¿Cómo vamos a sentir alegría con la multitud de problemas que nos agobian y nos afligen?

Seguramente san Pablo hoy nos volvería a decir lo mismo: “estad alegres en el Señor, sí, pero ¡ojo!, —nos aclararía— sólo podréis tener alegría y paz, si os abrís al Señor y ponéis vuestra dicha en Él”.

Hoy, en el ecuador de este Adviento, se nos presenta este “domingo de la Alegría”, domingo de Gaudete, y se nos invita a abrir nuestro corazón a Jesús que está siempre llamando a nuestra puerta, invitándonos a hacerle un hueco, invitándonos a compartir la vida con Él que viene. Es entonces cuando nuestra vida tendrá otro sentido, cuando empezaremos a comprender que nunca estamos solos, que nuestro mejor amigo es el mismo Dios. Después vendrá, nuestro deseo de agradar a este amigo. Enseguida desearemos parecernos lo más posible a El. Y de ahí surgirá con naturalidad nuestro comportamiento: la honradez, la honestidad, el compartir, la solidaridad.

Y estas actitudes surgirán en nosotros con naturalidad porque antes habremos comprobado que Él, Dios mismo, ha sido con nosotros honrado, honesto, ha compartido lo que Él es y se ha solidarizado con nuestra debilidad.

Este es, hermanos, el camino del ser cristiano. A veces hemos convertido a nuestra fe, en un conjunto de normas y leyes, olvidando lo fundamental: que nuestra fe, es ante todo, una relación de amistad con Dios. Sólo desde esa relación —que como nos recordaba san Pablo—, se hace desde la oración, la súplica y la acción de gracias, podremos empezar a cambiar aquellas actitudes que nos impiden vivir con alegría y paz.

Podríamos decir hoy que no hay conversión sin relación con Dios; no hay obras buenas si no hay una relación profunda con el Señor. Necesitamos todos recuperar un espacio cada día para estar con el Señor, para que nuestro corazón se vaya moldeando como el suyo y acabemos viviendo aún en medio de las dificultades, con alegría y paz.

Vivamos este final del Adviento con alegría, con sincera alegría e ilusión. También con esperanza. ¿Que por qué? Entre otras cosas, por lo más importante: viene Jesús a salvarnos como anuncia Juan el Bautista. Viene el Señor y entrará en el mundo llorando para que nosotros, los hombres, acabemos sonriendo esta Navidad y siempre.

Que así sea.

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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