Parroquia

Nuestra Señora de los Ángeles

Serra, Valencia

"Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio"
San Pablo (1 Tim. 1, 12)

Homilías

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Domingo IV del Tiempo Ordinario

Toda la palabra de Dios de este domingo es una invitación a escuchar. “El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo, de entre sus hermanos. A él le escucharéis” nos dice la primera lectura. En el salmo responsorial repetimos: “ojalá escuchéis hoy la voz del señor; no endurezcáis vuestro corazón”. Y en el Evangelio se nos dice que “no enseñaba como los letrados, sino con autoridad”.

Es toda una invitación a escuchar al Señor, a escuchar su palabra libres de todos los prejuicios. Para escuchar tenemos que despojarnos de todas las ideas, tenemos que hacer silencio. Y no el silencio entendido como la ausencia de ruidos a nuestro alrededor sino el silencio entendido como la actividad profunda del amor que escucha. Silencio para escuchar la voz del Señor.

Todo cristiano está llamado a escuchar la palabra de Dios y esa escucha se transparenta en la vida de cada día, es nuestra misión transparentar esa palabra en la vida ordinaria.

“Suscitaré un profeta” después de la escucha viene el anuncio, no podemos quedarnos para nosotros aquello que hemos escuchado, nuestra misión es la de ser profetas, dar testimonio en medio de nuestro mundo donde se pretende negar la existencia de Dios, donde se quiere arrinconar el cristianismo al ámbito de la esfera privada.

Y dar un testimonio con autoridad, como Cristo. Cierto que nosotros no tendremos una doctrina propia ni haremos milagros como Cristo; por eso la autoridad que podemos tener como cristianos es la coherencia entre aquello que celebramos, creemos y vivimos: que no haya distancia entre nuestra fe y nuestra vida.

Por tal motivo al leer, escuchar y meditar esta palabra de Dios debemos de pedirle al Señor que nos ayude a hacer vida cada día su Palabra y que tomemos conciencia que nuestro día a día debe de ser testimonio para todos los que nos rodean.

  • primera lectura: Deuteronomio 18, 15 - 20

    Moisés habló al pueblo diciendo:

    -- El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo, de entre sus hermanos. A él le escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la Asamblea. "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio, no quiero morir." El Señor me respondió: "Tienen razón, suscitaré un profeta de entre tus hermanos, como tu. Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo lo mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá"

    Palabra de Dios

  • salmo responsorial: Salmo 94

    R.- OJALÁ ESCUCHÉIS HOY LA VOZ DEL SEÑOR; NO ENDUREZCÁIS VUESTRO CORAZÓN.

     

    Venid, aclamemos al Señor,

    demos vítores a la Roca que nos salva;

    entremos en su presencia dándole gracias,

    aclamándole con cantos. R.-

     

    Entrad, postrémonos por tierra,

    bendiciendo al Señor, creador nuestro.

    Porque él es nuestro Dios

    y nosotros su pueblo,

    el rebaño que él guía. R.-

     

    Ojalá escuchéis hoy su voz:

    "No endurezcáis el corazón como en Meribá,

    como el día de Masá en el desierto:

    cuando vuestros padres me pusieron a prueba

    y me tentaron, aunque habían visto mis obras." R.-

  • segunda lectura: Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 7, 32 - 35

    Hermanos:

    Quiero que os ahorréis preocupaciones: el célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casa se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

    Palabra de Dios

  • evangelio: Marcos 1, 21 - 28

    En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la Sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

    -- ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quien eres: el Santo de Dios.

    Jesús le increpó:

    -- Cállate y sal de él.

    El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

    -- ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta los espíritus inmundos les manda y le obedecen.

    Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

    Palabra del Señor

Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Serra, Valencia
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